Asumo el poco gratificante papel de aguafiestas en esta columna de viernes de post-carnaval que habitualmente lleva por nombre “Lo bueno, lo malo y lo feo del Carnaval”. He escuchado y leído eufóricos partes de victoria que me intranquilizan, no tanto porque correspondan a una realidad muy diferente a la que se viene viviendo en Barranquilla, sino porque descuella la impresión de que no hay lecciones que aprender, ni graves problemas que remediar.
Francamente no entiendo cómo puede cantar victoria una entidad con los gravísimos problemas de imagen que tiene la Fundación Carnaval de Barranquilla. En los medios marginales, la Internet, las esquinas, la célebre “radio-bemba”, circula una avalancha de opiniones que ameritarían la intervención de un titán de las relaciones públicas. Más allá de la palabra callejera, que en Barranquilla suele ser inclemente y demoledora, hay un grave peligro y es que cada vez más actores del carnaval consideran que están siendo utilizados para una multimillonaria feria de palcos, una tendencia que bien puede terminar demoliendo los cimientos participativos de la fiesta.
LEER CRONICA: EL HERALDO / Editorial / Como es y como no es




















1 comentarios:
Creo que todos los barranquilleros gozaron, desde un palco o desde la cra.44 o desde la cra. 17, en fin. Era necesaria una organización para todos los géneros o clases o como querramos llamarlo.
Saludos.
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