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Jose Eugenio Macias - IV

22 de septiembre de 2016

Ultima entrega sobre nuestro héroe, José Eugenio Macías. Texto tomado  de La Estrella, diario del siglo pasado de la Ciudad de Panamá. Se transcribió literalmente con los giros y ortografía de ese momento. Por Joaquin Batís.  
I. La Cruz vieja
II. El encuentro i el Hogar paterno
III - La Emigración

IV - Portobello

En efecto, a la sombra de esas favorables disposiciones, Bolívar adicionó á sus vastos proyectos bélicos diferentes diversiones sobre el enemigo para desorientarlo de su verdadero plan de campaña. Una de esas medidas estratejicas debería emprenderse sobre el Istmo de Panamá, i para ello designo como Jefe a Sir Mc’Gregor, noble inglés, que había dado pruebas valor, gran pericia i decisión por la república en la campaña anterior, i quien acababa de llegar de Inglaterra á Kingston con una expedición respetable para el objeto. En dicho puerto reunió dicho jefe á los patriotas que quisieron unirse á sus voluntarios i sin pérdida de tiempo emprendió marcha para Portobello en el mes de Abril de 1819. Macías, el mutilado patriota de Santa Catalina, como era de esperar, fue uno de los primeros en empuñar la espada i embarcarse, pues su ardiente amor por la Patria le hacía aborrecible la vida de inacción que llevaba forzadamente. Mc’Gregor reconoció sus servicios pasados en el ejercito republicano i le ascendió a nombre del Supremo director de la guerra, al grado de Teniente Coronel.

La expedición de Mc’Gregor sobre Portobello se componía de siete buques; dos de alto bordo, 3 bergantines, una corbeta i una goleta, i su tropa de desembarque alcanzaba á mas de 450 hombres.

La Gaceta oficial de la Isla de Jamaica del 30 de mayo de 1819, relacionando minuciosamente todo el resultado de dicha espedicion, hizo conocer los hechos siguientes:

Mc’Gregor i su expedición llegó á Portobello, con cinco de sus buques solamente, desembarcando su tropa con poca resistencia, i apoderándose del fuerte después de tomar posesión de la ciudad. Antonio López Tagle fue nombrado Gobernador de la plaza. Quince días después fue sorprendido esta á las cinco de la mañana por fuerzas mandadas de Panana por el Mariscal de Campo Hore. La sorpresa fue tan completa que todos estaban durmiendo al aparecer el enemigo.

Mc’Gregor no tuvo otro recurso que salir en camisa de su cama, arrojarse al mar i salvarse á nado en uno de sus buques los cuales izaron anclas a todo tropel i desplegando velas se hicieron al mar dejando las tropas en el Castillo, donde no deberían ser socorridos jamás, pues el pánico de Mc’Gregor no le permitió volver. El infeliz Antonio López Tagle, nombrado Gobernador fue decapitado. Los espedicionarios encerados en el Castillo se rindieron á discreción; pero como ardid de guerra los españoles dejaron flotando en dicha fortaleza la bandera republicana, pues por declaración de los rendidos seguramente conocían la llegada de otros buques de la flotilla republicana. En efecto, uno de estos llego; i engañado por el pabellón flotante de la fortaleza, anclo bajo sus fuegos. Apenas tuvo lugar esto, la bandera republicana fue reemplazada por la española i se intimo rendición al buque recién llegado.

Entonces llego a su colmo la desesperación de los desgraciados espedicionarios a bordo, por que el desastre éra tanto mas horrible cuanto había sido imprevisto e inmerecido. Aquella bandera detestada, reemplazarla en el fuerte por la de la Patria, era una sentencia de muerte. El horror de la situación no admitía ninguna esperanza de salvación para aquellas víctimas de la mas inconcebible de las impericias.

Entre aquellos desconocidos í olvidados mártires se encontraba el Teniente Coronel José Eugenio Macías. En ese instante supremo púsose de manifiesto toda la grandeza de su carácter. El dulce i decoroso es morir por la Patria de los varones de Plutarco cruzó con rapidez por su mente; i con la calma del hombre inspirado por la mas noble de las causas, se dirijió á la popa de la nave, arrojó una mirada de inefable amor y esperanza al pabellón de la República, que aún ondeaba sobre su cabeza; otra de altivo desprecio a la enseña del tirano, flameando en el Castillo: antes que presenciar tu horrible triunfo, dijo, prefiero la muerte, i se arrojo al mar con sus armas i uniforme, exclamando ¡Viva la Patria!

Al rápido movimiento del agua con la inmersión del cuerpo del Héroe, siguió la mas siniestra tersura de su superficie: todo había acabado……Su noble espíritu voló instantáneamente al seno del Creador……

Hoi ¡Oh mártir! después de 61 años de tu egrejio sacrificio; después que por entre cruentas vicisitudes, la Patria, ese ídolo de tu vida, ha recorrido espantosas estepas anegadas en sangre del pueblo. Cuando ese pueblo, su representación la mas pura, ha sido despojado de sus mas sagrados derechos, i convertido en cosa para servir de

Pasto al cañon por desalmados impostores que se han disputado i se disputan la facultad de destruirlo i degradarlo, como recompensa de sus grandes sacrificios pasados i presentes. Cuando esos mentidos apóstoles de la libertad, por la cual, tú, noble y desinteresadamente aceptaste la muerte como varón fuerte, no se ruborizan de su obra de maldad ante el progreso del mundo, cuyas tendencias asiduas son la perfección de las mayorías de acuerdo con los principios proclamados en el Gólgota. I cuando todo parece encaminarse á una descomposición dolorosa que conduzca a la República un fin tan deplorable, i mas que el de nuestros infelices hermanos del Peru (3) tu espíritu inmortal aun espera que lleguen tiempos mas propicios para el sagrado objeto de tus desvelos; i que entonces, el recuerdo del holocausto de tantos mártires, como el del tuyo, hagan fecundar el bien en esta tierra de tus ensueños mas queridos, como lo son de tu sobrino, a quien el cumplimiento del mas sagrado de los deberes, impidió conocieras; i al que ha tocado, por exitacion del mas leal i noble de tus amigos i camaradas sobrevivientes, conmemorar en estas líneas que suscribe, tu augusto sacrificio. Joaquín Batis

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(3) El Perú i Bolivia están próximos á sucumbir con la Dictadura, mientras Chile, su vencedor, triunfa con toda la majestad de la República. Los Gobiernos del Perú i Bolivia éran oligarquías estúpidas que despojaban a las mayorías de sus mas sagrados derechos, i fundaban su fuerza, entre otros atentados contra el Pueblo, en el reclutamiento forzoso; i por último, como consecuencia del desprecio mas refinado de los principios, en la ultima espresion de la tiranía; la Dictadura. Entretanto que Chile con una población mui inferior á la de sus enemigos; vencido al principio de la guerra, i siempre vencedor después, no ha necesitado sino de sus poderes constitucionales para obtener sus triunfos: tenia ciudadanos que disponer para la defensa de la Patria, cuando sus enemigos desapercibidos completamente de su vergonzosa debilidad, solo podían hacerlo, de ilotas degradados por inicuos gobiernos de famélicas banderías. Lección terrible i mui elocuente para los que usurpan los derechos del verdadero Soberano de la República.

Jose Eugenio Macias - III

14 de septiembre de 2016

Tercera entrega sobre nuestro héroe, José Eugenio Macías. El texto se tomo de La Estrella un diario del siglo pasado de la Ciudad de Panamá. Se transcribió literalmente con los giros y ortografía de ese momento. Por Joaquin Batís.  

I. La Cruz vieja
II. El encuentro i el Hogar paterno

III - La Emigracion

Con la caída de Cartagena poca ó ninguna esperanza quedaba a los patriotas de poder vivir con seguridad bajo el régimen despótico de los pacificadores. Los ménos comprometidos en la causa de la independencia podían llevar una existencia miserable llena de mortales zozobras por la continua amenaza de los satélites de la tiranía. El denuncio por la menor sospecha estaba a la orden del dia, i á esta seguía regularmente, los mas crueles castigos; i para colmo de desgracia, entre sus mas barbaros perseguidores, no solo figuraban los peninsulares, sino algunos hijos del país, los cuales para hacerse la confianza de los opresores exajeraban su vil celo por la causa del rei, delatando a sus compatriotas ante las autoridades militares esparcidas por doquiera, i aun dirijiendose a los altos funcionarios del Virreinato.

Nuestro Héroe, como era de esperar, no podía sustraerse á la suerte común de sus compatriotas. Sus compromisos para con la causa de la Independencia éran mui serios para no temer por su vida; así que estaba condenado á la mas rigurosa reclusión, no obstante estar sano ya de sus heridas en Santa Catalina.

Como una precaucion contra el espionaje se le hizo pasar en público como muerto por su familia; sin embargo, algunas visitas misteriosas de patriotas toleradas solia recibir, por las cuales se ponía en comunicaciones con otras víctimas ocultas de la persecución. Una de esas comunicaciones misteriosas era la de su amigo intimo Manuel Garcías1 con cuya ayuda al fin, pudo conseguir trasladarse a Kingston, en la Isla de Jamaica.

Compartiendo textos publicados en carbaníamagazine y que ameritan una segunda lectura. Por:© Antonio Gaztambide
Tomado de: LA INVENCIÓN DEL CARIBE A PARTIR DE 1898 (Las definiciones del Caribe, revisitadas)
La primera traducción de la palabra caribe a un idioma europeo se remonta a 1492. En el diario de su primer viaje a América, el genovés Cristóbal Colón tomó nota de unos “caribes” o “caníbales”, siempre al este de los arahuacos antillanos que le daban las noticias. En el transcurso de ese y del segundo viaje al año siguiente, Colón identificó a esos caribes como habitantes antropófagos de lo que hoy llamamos las Antillas Menores y otras partes de ese Nuevo Mundo. 2

Hoy vemos que, comenzando con el propio Colón, los europeos bautizaron «caribes» a los aborígenes que resistieron la conquista de sus tierras ancestrales en las Antillas. Luego les sumaron otros amerindios a quienes querían “rescatar para la evangelización”, léase esclavizar en sus minas, pesquerías de perlas y siembras. Al redefinir el término, los españoles mezclaron mitos americanos y europeos con algo de realidad. 3

Había entonces, por lo menos en algunas de las Antillas Menores, grupos indígenas social y lingüísticamente distintos de las tribus y cacicazgos que hoy llamamos taínos. Las diferencias eran las mismas existentes entre los arahuacos y caribes continentales en toda el área al norte del Amazonas, hoy Venezuela, las Guyanas y el extremo norte de Brasil. En las Islas Vírgenes y al este de Borinquén, estos caribes alternaban —al igual que los diversos cacicazgos taínos— entre la cooperación y la hostilidad con sus vecinos.

El primer contacto con los presuntos caribes, a la vez primer encuentro armado entre españoles y americanos del cual tenemos testimonio, ocurre en nuestra vecina isla de Ay-Ay, conocida ahora como Santa Cruz.
La reacción española ante la resistencia de los ayayanos resume el primer destino histórico de la palabra caribe: nativo rebelde y/o esclavizado.

Jose Eugenio Macias II

20 de agosto de 2016

Esta es la segunda entrega sobre nuestro héroe, José Eugenio Macías, donde se narra su llegada a la casa paterna.
Estos son apartes de una investigación realizada y que quiero compartirles. El texto se tomo de La Estrella un diario del siglo pasado de la Ciudad de Panamá. Se transcribió literalmente con los giros y ortografía de ese momento. Por Joaquin Batís.  
I. La Cruz vieja
II. El encuentro i el Hogar paterno
Entonces aquel intrépido guerrero educado en la escuela de Urdaneta, Girardot, D’Elhuyar, Velez, París, Ricaurte i otros prelaros caudillos en la pasada campaña de Venezuela de 1813, inspirado como ellos por el sacro fuego de la libertad resolvió conservar su existencia á todo trance. El peligro que le amenazaba era inminente; estaña en medio de un país cuajado de enemigos, y de un momento á otro podía ser aprehendido i fusilado sin fórmula de juicio. La gloriosa mutilación que acababa de sufrir, vertía un torrente de sangre; i por eso, al retirarse, envolvió cuidadosamente su mano en una pieza de su vestido para que ella, vertida por causa tan noble, no dejara rastro que pudiera denunciar á los satélites del tirano, la senda desconocida que lo debería conducir á lugar seguro. Adoptada tal precaución, emprendió su marcha para el cercano monte con esa serena confianza propia del verdadero valor.

Acostumbrado a las fatigas i peligros de la guerra, aguantó emboscado en la cercanías del pueblo á que pasase el primer tumulto i confusión en que ya estaba produciendo la escena anterior. Oyó, que en efecto, se le perseguía, en diferentes direcciones; mas al cabo de algunas horas, sintió que los perseguidores regresaban desesperanzados, i como ya era una hora avanzada en la noche, resolvió tomar el camino directo á Barranquilla aunque para ello tuviera que adoptar las peligrosas precauciones que exigían su estado de invalidez i de perseguido Insurjente. Por consiguiente; sus jornadas no podían ser sino de noche, ocultándose en el bosque á cada ruido que sentía, á fin de evitar una sorpresa del abundante espionaje del enemigo.

La noche era tenebrosa, circunstancia que favorecía su tránsito, pues el terror alejaba de los caminos públicos á todo viajero que no fueran grupos de soldados en vía para el Cuartel general de Palenquillo, donde Morillo se había establecido provisionalmente al principiar el memorable asedio. Con tales precauciones, el Héroe, debilitado por la pérdida de sangre, marcho el resto de la noche, no sin detenerse algunas veces para contener la abundante hemorragia de su reciente herida, y así le continuo hasta que el sol volvió á aparecer en el oriente.

El nuevo día de triste i peligrosa peregrinación transcurría sin otra novedad que la de la inflamación i fiebre que ya principiaba á desarrollarse por efecto de su dolencia cuando sintió ruido por el bosque, como de personas que se acercaban; pusose en observación i pudo distinguir un grupo de Indias que cargadas de sus inocentes hijos lloraban por sus esposos i deudos muertos entre las llamas del heroico pueblo de Malambo que había osado resistir el tránsito del monstruo Morales, pocos días antes. Aquellas infelices, sin hogar, condenadas á la dispersión por los verdugos de su raza hacía mas de tres centurias, buscaban como Macias un asilo seguro, dónde escapar de su tradicional ferocidad.