Comentarios a la Encuesta

25 enero 2007

Algunos de nuestros visitantes han dejado sus comentarios acerca del cambio de nombre de la Carrera 44 por el de Avenida Joe Arroyo…

Merks dijo...
no es mu ético ponerle el nombre de una calle al joe, muchas personas en Barranquilla merecen más eso que el joe
25/1/07 19:49

Túrin dijo...
Se me ocurren 75 personas mas importantes en Barranquilla para ponerle el nombre a una calle que el Joe.
23/1/07 08:41

Carlos Mario S M dijo...
En lo personal no se cómo se maneja la cuestión de los nombres de las cosas en Barranquilla; ¡llevo toda mi vida llamando Pumarejo al puente Gomez!... y la 44 aunque se llame cuartel para mí sigue siendo la 44, la de más arriba de la 43 y antes de la 46. Llámenme faicilista o flojo pero es así... Sí se le debe dar homenaje al Joe pero no soy quén para decir si se le deba llamar "Joe" a una calle. Así que con todo mi amor por la música de dicho artista mi respuesta es NO. Así como no me hubiese gustado que existiera un Macondo tangible...

De: "Marco.T. Barros"
Para: caribaniamagazine@yahoo.com, mblancolara@hotmail.com
Asunto: RE: Cambiarle el nombre a la 44 (Cuartel)
Fecha: Thu, 25 Jan 2007 16:24:25 -0500

Y porque no al Rebolero, barranquillero, Nelson Pinedo, mejor?...Cartagena que se encargue de lo suyo, cierto/?

Comentarios a la Encuesta

Algunos de nuestros visitantes han dejado sus comentarios acerca del cambio de nombre de la Carrera 44 por el de Avenida Joe Arroyo…

Merks dijo...
no es mu ético ponerle el nombre de una calle al joe, muchas personas en Barranquilla merecen más eso que el joe
25/1/07 19:49

Túrin dijo...
Se me ocurren 75 personas mas importantes en Barranquilla para ponerle el nombre a una calle que el Joe.
23/1/07 08:41

Carlos Mario S M dijo...
En lo personal no se cómo se maneja la cuestión de los nombres de las cosas en Barranquilla; ¡llevo toda mi vida llamando Pumarejo al puente Gomez!... y la 44 aunque se llame cuartel para mí sigue siendo la 44, la de más arriba de la 43 y antes de la 46. Llámenme faicilista o flojo pero es así... Sí se le debe dar homenaje al Joe pero no soy quén para decir si se le deba llamar "Joe" a una calle. Así que con todo mi amor por la música de dicho artista mi respuesta es NO. Así como no me hubiese gustado que existiera un Macondo tangible...

De: "Marco.T. Barros"
Para: caribaniamagazine@yahoo.com, mblancolara@hotmail.com
Asunto: RE: Cambiarle el nombre a la 44 (Cuartel)
Fecha: Thu, 25 Jan 2007 16:24:25 -0500

Y porque no al Rebolero, barranquillero, Nelson Pinedo, mejor?...Cartagena que se encargue de lo suyo, cierto/?

Encuesta I

22 enero 2007

Por ser la Carrera 44 el espacio de la Noche de Guacherna y La Batalla de Flores en la época de carnaval, un espacio que hace parte de nuestro imaginario de goce, les propongo lo siguiente:




¡Gracias por participar!


Encuesta I

Por ser la Carrera 44 el espacio de la Noche de Guacherna y La Batalla de Flores en la época de carnaval, un espacio que hace parte de nuestro imaginario de goce, les propongo lo siguiente:




¡Gracias por participar!


¿Carnaval para qué?

15 enero 2007

Y continua la Fundación Carnaval de Barranquilla dando palos de ciego. Ahora parece que se les fue la mano con una de sus campañas que restringe muchas de las cosas que hacen delicioso el goce. La periodista Lola Salcedo Castañeda en su columna El Detalle publicada en EL HERALDO comenta al respecto,


¿Carnaval para qué?

Carnaval es, en sí mismo, sinónimo de trasgresión de la normativa de la sociedad, donde se permite que lo de abajo pase arriba y viceversa; es posible la mezcla infinita de clases, creencias (políticas y religiosas), razas, géneros y sexos; y se abre paso a la imaginación como único poder con capacidad de intervenir y ser aceptado. De modo que percibo en ese eslogan que rueda uniéndolo a la cultura ciudadana, una pretensión de disciplina, milimetría y cuadriculación que resulta contradictorio con el Carnaval y muy distante de la actitud relajada, no agresiva y tolerante que es característica del carnavalero auténtico.

Otra cosa son los que aprovechan esa fiesta cultural para hacer el gran negocio, como fue el caso de los espumeros el año pasado (de irrepetible circulación), porque con la estúpida teoría de que esa porquería no hace daño volvieron miseria hasta a los grupos folclóricos de tradición —verdaderos reyes y sostenedores del Carnaval (no lo olviden)— y se destapó una agresiva guerra en palcos y calles a lo que no estábamos acostumbrados. Fuera la espuma, bajo penalización dura.

Aparte de ese comportamiento desgraciado, creo que: disciplina: mata carnaval. Organización: aniquila imaginación. Milimetría: acaba espontaneidad. Cuadriculación: anula trasgresión. Y el resultado va siendo una fiesta donde algunos visten trajes folclóricos y otros disfraces, un espectáculo parecido a un carnaval pero distante de todas sus tradiciones, usos y costumbres. Encontrar el equilibrio será de premio Nobel.

Ahora bien, disciplina, organización, milimetría y cuadriculación son perfectos y necesarios elementos para el éxito de los desfiles militares y los llamados ‘parades’ en los Estados Unidos, que son espectáculos para admirar pero no admiten la participación del público más allá del aplauso. Y nuestro Carnaval, a mi humilde entender y soñar, no es tal sino admite la intervención, importunación, indiscreción y descaro del público in situ, irreemplazables condimentos para ese exquisito plato cultural.

¿Contradictorio? Claro, ese precisamente debe ser el objetivo: lograr hacer coincidir los sueños, deseos y locura de la mayoría con las necesidades de seguridad y logística que exige su puesta en escena, sin sacrificar lo primero por lo segundo. Ese es el gran reto; y la fórmula está en los proyectos del Plan Decenal aprobado por la Unesco, que fue resultado de la mayor concertación posible entre gente tan suya en sus ‘cadacualunadas’ como los hacedores del Carnaval.

Estas campañas y otras perlas como el manejo de grupos folclóricos, palcos, espacio publico y demas, saineta anual que antecede a los cuatro dias de carnaval, dan la imresión - y estoy en eso - de que muchos de los asesores de nuestras fiestas son hijos de aquellos que otrora se marchaban, huyendole a la maizena, al agua, al desorden, al ron, al manoseo, al baile, a la quemada de esperma, a la amanecida en cualquier bordillo, a las sopas de guandú recalentaas, a las plebedades de las letanías, a las iguanas que cargaban los congos, a los manes disfrazaos de muje y un largo etcetera, a playas privilegiadas. Se acostumbraron a un Carnaval mediatico, que solo apreciaban de manera anodina en imágenes repetidas a los ochos días, como una telenovela de la vida irreal.

Leer mas: ¿Carnaval para qué?

¿Carnaval para qué?

Y continua la Fundación Carnaval de Barranquilla dando palos de ciego. Ahora parece que se les fue la mano con una de sus campañas que restringe muchas de las cosas que hacen delicioso el goce. La periodista Lola Salcedo Castañeda en su columna El Detalle publicada en EL HERALDO comenta al respecto,


¿Carnaval para qué?

Carnaval es, en sí mismo, sinónimo de trasgresión de la normativa de la sociedad, donde se permite que lo de abajo pase arriba y viceversa; es posible la mezcla infinita de clases, creencias (políticas y religiosas), razas, géneros y sexos; y se abre paso a la imaginación como único poder con capacidad de intervenir y ser aceptado. De modo que percibo en ese eslogan que rueda uniéndolo a la cultura ciudadana, una pretensión de disciplina, milimetría y cuadriculación que resulta contradictorio con el Carnaval y muy distante de la actitud relajada, no agresiva y tolerante que es característica del carnavalero auténtico.

Otra cosa son los que aprovechan esa fiesta cultural para hacer el gran negocio, como fue el caso de los espumeros el año pasado (de irrepetible circulación), porque con la estúpida teoría de que esa porquería no hace daño volvieron miseria hasta a los grupos folclóricos de tradición —verdaderos reyes y sostenedores del Carnaval (no lo olviden)— y se destapó una agresiva guerra en palcos y calles a lo que no estábamos acostumbrados. Fuera la espuma, bajo penalización dura.

Aparte de ese comportamiento desgraciado, creo que: disciplina: mata carnaval. Organización: aniquila imaginación. Milimetría: acaba espontaneidad. Cuadriculación: anula trasgresión. Y el resultado va siendo una fiesta donde algunos visten trajes folclóricos y otros disfraces, un espectáculo parecido a un carnaval pero distante de todas sus tradiciones, usos y costumbres. Encontrar el equilibrio será de premio Nobel.

Ahora bien, disciplina, organización, milimetría y cuadriculación son perfectos y necesarios elementos para el éxito de los desfiles militares y los llamados ‘parades’ en los Estados Unidos, que son espectáculos para admirar pero no admiten la participación del público más allá del aplauso. Y nuestro Carnaval, a mi humilde entender y soñar, no es tal sino admite la intervención, importunación, indiscreción y descaro del público in situ, irreemplazables condimentos para ese exquisito plato cultural.

¿Contradictorio? Claro, ese precisamente debe ser el objetivo: lograr hacer coincidir los sueños, deseos y locura de la mayoría con las necesidades de seguridad y logística que exige su puesta en escena, sin sacrificar lo primero por lo segundo. Ese es el gran reto; y la fórmula está en los proyectos del Plan Decenal aprobado por la Unesco, que fue resultado de la mayor concertación posible entre gente tan suya en sus ‘cadacualunadas’ como los hacedores del Carnaval.

Estas campañas y otras perlas como el manejo de grupos folclóricos, palcos, espacio publico y demas, saineta anual que antecede a los cuatro dias de carnaval, dan la imresión - y estoy en eso - de que muchos de los asesores de nuestras fiestas son hijos de aquellos que otrora se marchaban, huyendole a la maizena, al agua, al desorden, al ron, al manoseo, al baile, a la quemada de esperma, a la amanecida en cualquier bordillo, a las sopas de guandú recalentaas, a las plebedades de las letanías, a las iguanas que cargaban los congos, a los manes disfrazaos de muje y un largo etcetera, a playas privilegiadas. Se acostumbraron a un Carnaval mediatico, que solo apreciaban de manera anodina en imágenes repetidas a los ochos días, como una telenovela de la vida irreal.

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Nuevamente juega la ruleta siniestra. ¿Quien será el próximo ganador de los montajes y otros parapetos orquestados por paramilitares, desmovilizados, políticos corruptos, sicarios y nuestro silencio mudo?

Después de haber salido de la cárcel inculpado por falsas denuncias como lo hicieron con Alfredo Correa (qepd), Yamil Cure y muchos otros el joven periodista, Freddy Muñoz Altamiranda, esta pensando seriamente exiliarse, lejos de todo, su familia, amigos, entorno, para no ser asesinado.

En entrevista concedida al periódico EL HERALDO manifiesta en uno de sus apartes:

EQUIVOCADO

¿Quien lo escuchó a usted en la primera indagatoria era un Fiscal Especializado?
—No era un Fiscal Especializado. Esa fue otra gran falla que encontró mi abogado. Porque todos sabemos que en el país, cuando se trata de la gravedad de los delitos que me estaban imputando, tenía que ser un Fiscal Especializado. De todas maneras ese Fiscal no Especializado decide conducir el proceso durante cinco meses y sólo al final lo pasa a otro Fiscal. (Que tampoco tiene el rango de especializado. Es simplemente otro del mismo rango, Fiscal Tercero de Reacción Inmediata).

¿Su caso empieza en Cartagena, por qué lo trasladan a Barranquilla?
—Todavía no entiendo eso. Realmente, es algo extraño. Nosotros presumimos que la gente que se prestó para esto estaba era allá (en Barranquilla). Por los antecedentes que hay. Es muy pertinente recordar que ese mismo Fiscal es quien ordena capturar a Alfredo Correa D´Andreis, lo mismo que la de Amaury Padilla Cabarcas, la de Yamil Cure, y de muchos otros. Es el mismo procedimiento. Capturados por el Fiscal delegado ante el DAS en Barranquilla. Algunos, como Alfredo (Correa), son remitidos a Cartagena. El proceso llega hasta donde debe llegar. Cuando se demuestra que los informantes en los cuales se soportan las investigaciones están mintiendo porque, como es obvio, no pueden ocultar las inconsistencias, entonces surgen las presiones, las contradicciones, en ese momento todo se cae de su peso y los implicados quedan libres. Pero ya se les ha causado un daño enorme y se ha puesto en grave peligro su integridad física. Un claro ejemplo de ello es el caso de Raúl Correa. Un doloroso desenlace fatal, que es lo que yo trato de evitar, entre otras cosas.


Leer entrevista completa: No quisiera irme del país