Asistimos temprano y esperamos la llegada del maestro. De pronto, murmullos, correndillas, todos pilas y ahí estaba él subiendo las escaleras que llevaban a la galería. No recuerdo como estaba vestido pero si cuando nos acercamos a tener un recuerdo suyo, un autógrafo sobre lo que fuera.
Obregón, 100 años
Publicado por Aretino | junio 04, 2020 Sección: #BAQ, Anécdotas, Autores costeños, cultura, Recuerdos 04 junio 2020Asistimos temprano y esperamos la llegada del maestro. De pronto, murmullos, correndillas, todos pilas y ahí estaba él subiendo las escaleras que llevaban a la galería. No recuerdo como estaba vestido pero si cuando nos acercamos a tener un recuerdo suyo, un autógrafo sobre lo que fuera.
* Barranquilla, ¿cuál cultura?
Publicado por Aretino | marzo 16, 2016 Sección: cultura, historia, Opinión, Recuerdos 16 marzo 2016* Diego Marín Contreras aclarándonos desde su trinchera el comportamiento tenido para con nuestros ilustres intelectuales cuando pasaban física hambre y eran visto como animales raros; hoy sacamos pecho
A comienzos del siglo XX, los notables de la ciudad se oponían abiertamente a que se abriera una biblioteca pública en el centro de la urbe. Obvio, a ninguna élite le ha convenido jamás que el pueblo piense, y los libros, ya se sabe, son el lobby del hotel del pensamiento. Una centuria más tarde, la palabra ‘biblioteca’ ni siquiera aparece en el Plan de Desarrollo del Distrito. Barranquilla, ¿capital de cuál cultura?
Ahora todos vamos a bordo de la carroza de la fama de García Márquez, en un carnaval que oscila de lo cursi a lo patético, pero cuando Gabo vivió aquí como un ilustre desconocido, en la década de los cincuenta del pasado siglo, prácticamente pasaba hambre, y hasta Cepeda se preguntaba quién era “el maluco ese”. Meira, él mismo lo cuenta en sus memorias, lo invitaba a comer delicias árabes. Por cierto, hoy todos celebran a Meira Delmar, pero en los treinta y seis años que pasó dirigiendo la Biblioteca Departamental los sucesivos gobernadores la ignoraron con minucia, como lo demuestra el abandono en que fue cayendo ese centro bibliográfico. Es más, alguna vez fui testigo de cómo la Ministra de Cultura de turno daba alaridos preguntando por sus amiguitos al público presente. Le contesté: “no, ellos no han llegado, pero aquí está Meira Delmar, ¿usted sabe quién es?” Ay, entre tantos rostros de poliéster, de gente que oye sin oír y mira sin ver, ¿cuál cultura?
Luis Eduardo Nieto Arteta, filósofo barranquillero, se suicidó a dos cuadras de la mencionada biblioteca porque no tenía con quien hablar. Al también pensador Julio Enrique Blanco la élite, seamos francos, lo consideraba “un viejo loco”, fenómeno similar ocurría con el profesor Alberto Assa. Porque esta ciudad no es fenicia, eso es mucho elogio: más bien, es una plaza de mercado que no ha salido jamás de la economía del trueque, de la moral del agiotista, y sus relaciones sociales de producción ni siquiera son feudales, sino claramente esclavistas. Es célebre la definición que Aristóteles dio de los esclavos como “herramientas parlantes”. Aquí, en no pocas empresas, ni siquiera pueden hablar. ¿Cultura? ¡Agarra la de ron!
En una ciudad con semejantes señas particulares es inconcebible que se le reconozca mérito alguno al trabajo intelectual, que supone un esfuerzo y una disciplina sostenidos durante décadas, no en pos de la adquisición de poder, dinero o símbolos de estatus, sino por el profundo placer de arribar a nuevos puertos del conocimiento humano. Los que hemos dedicado la vida entera a este tipo de búsquedas no tenemos lugar en esta sociedad, y lo sabemos, pero aún así estamos empeñados en prestarle el servicio de aceitar con diésel de pensamiento, con miel de la sensibilidad, las protuberantes fallas de su inhumana maquinaria social. Sin embargo, ¿cuánto gana un maestro?, ¿cuánto gana un escritor? La respuesta a ese tipo de preguntas es la definición precisa del tamaño de nuestro atraso. ¿Cuál cultura?
Vi cometas el otro día. Recordé cuando las hacíamos y las veíamos volar en el cielo de la tarde. Eso es tan parecido al hermoso sueño de la cultura: vuela, vuela…, no te hace falta equipaje.
Por: Diego Marín Contreras
Divagando con los tesoros del patrimonio
Publicado por Aretino | septiembre 19, 2013 Sección: Bicentenario, Caribeñidad, Definiciones, Medios, Recuerdos 19 septiembre 20137 Tesoros del Patrimonio cultural de Barranquilla
Este es el nuevo paquito en que se embarcó la administración local después que por muchos años la ‘mona’ y la pica han hecho de las suyas en los mojones que demarcaron nuestro imaginario. Tesoros del Patrimonio Cultural? Serán o deben ser tangibles? Intangibles?
Que podríamos considerar como tesoros, aquello que en su momento marco un rumbo? Aquello que nos identifica? Aquello… que qué?
Porque tesoro nuestro serian:
La Marimonda: Porque nació aquí, nos identifica ante todos y nunca habrán dos marimondas iguales por mas orejas que se ponga Mickey
La Bola’etrapo: esa hecha de lana cruda y delimitada por la llamada tela de colchón, ese lienzo que también identifico una época junto a los amansalocos.
El sancocho de guandú: sin palabras. Al igual que el arro’elisa, el frozo malt, el raspao o el jugo de corozo.
El Ron Blanco: gordo lobo, ron trompa, en fin tantos epítetos para algo q mezclado con agua de coco o solo a pico de botella animo nuestros cuerpos por muchos años ante que se retomaran como modas licores foráneos y este desapareciera.
Las Ceibas del Hotel del Prado: Como bien lo anoto Patricia Iriarte.
El Picó y la verbena: dos elementos de goce, complementarios que hoy están en la picota por dizque ser generadores de violencia y malos pasos de la juventud
Pero vainas así como pa pasea, nada. La mayoría del Barrio el Prado convertida en centros de estudios y oficinas lo que genera espacios vacíos en horas de la noche y los fines de semana. Inclusive el Museo romántico que podría ser un aglutinante para llamar visitantes al sector goza de la desidia de nuestros dirigentes.
Y aunque bares como el Taboga, El Chicote marcaron época en el centro, hoy no existen y sus contertulios no están pa’dar la pelea así que de lejos ganaría La Troja como uno de los centros de goce, tesoro de nuestro entorno.
Porque digamos que una calle que nombremos como pa’caminarla no la hay, los espacios que muchos nombran no mantienen la pátina original sino que son remodelaciones amañadas. Iglesia San Nicolás, San Roque, Capilla del Hospital no generan ese sentido de pertenencia por la irrupción de pandillas en esos sectores haciendo que el abandono campee en esos templo. Gana más puntos la Iglesia del Rosario. Un barrio? Rebolo? Chiquinquirá? San Roque? No tienen los dolientes como pa’hacerle pelea al Barrio abajo, que a propósito iría de donde a dónde?
El Romelio Martínez? Se pataleo cuando le impusieron, robándole espacio, la Estación Central del Transmetro y todo quedo allí.
Los cementerios? Calancala? Universal? No hacen mucho peso y como dice la gente de #todomono nunca nos hemos preocupado por catalogarlo y mostrarlo como un espacio de nuestra historia, un espacio turístico así que aja.
De todos modos estas divagaciones se quedaran en eso pues los administradores de lo cultural ya tendrán su lista, la cual redefinirán y teorizarán y terminaran imponiéndola con la cantidad de áulicos bien ligados que pululan en el entorno a sabiendas que desde siempre no se han preocupado por el entorno.
Cesar Hernandez, el mas grande…
Publicado por Aretino | julio 02, 2013 Sección: Bacanes, Caribeñidad, cultura, historia, Música, Recuerdos 02 julio 2013Así lo llamo su amigo, Tico Salsa (Humberto Andrade) desde siempre. Y eso fue Cesar, el mas grande. Nadie puso en duda su magnifica memoria pa recordar caratulas de LP, textos. años, agrupaciones, mejores versiones del goce salsero. Su seguridad para imponer éxitos desde siempre, desde cuando con su hermano Dagoberto comandaban el gusto musical de los Barranquilleros desde las tornamesas de su picó, El Coreano hace parte de las leyendas del Caribe.
Lo conocí como a los 15 años detrás de la barra de su estadero y allí nació una amistad de años. Compartimos muchas veces una cerveza, una inquietud musical, un compartir saberes que afianzamos por años en el Taboga. Ese templo donde en muchas tardes era mal visto hasta bailar salsa para no perdernos de las cátedras dictadas por él.Gano todos los duelos, impuso hasta hace poco muchos éxitos, le dolía cuando en el trasegar del Taboga, que termino aparcado en una esquina de la 21 le pedían discos de Marc Anthony o cualquier aparecido sin charreteras, ídolos de la juventud de hoy.
Soñó con tener un gran estadero para hacer sonar solo sus discos, los que sabia que hacían parte de esa banda musical de esta ciudad que vivió y gozo como pocos. Lo visite el domingo para darle el ultimo adiós y por mas colores con que vestí mi alma la tristeza aguo mi mirada. Paz en tu tumba men.
Comparto con ustedes lo publicado por el periódico Al día,
una crónica escrita por Roberto Llanos Rodado
y fotos de Johnny Olivares y Alfredo Martínez.
Que nadie grite, que nadie llore de sentimiento,
si aquel amigo solo se ha ido al descanso eterno...
Cuando a las 9 de la mañana de ayer los amigos de Cesar Hernández comenzaban a aglomerarse en las afueras de la funeraria San José para darle el ultimo adiós, el lugar recordaba aquellos gentíos de salseros que en la década de los 70 se congregaban en Historia de Amor, Borinqueños, Boinas Rojas, algunas de esas celebres verbenas en las que Cesar puso a bailar a miles de barranquilleros al mando de las tornamesas de El Coreano, el legendario pico de su padre, el fallecido Conce Hernández.
Y daba esa imagen porque la mayoría de los alii reunidos hicieron parte de esa etapa maravillosa de la música y la fiesta en Barranquilla: Osman Torregrosa, Luis Altamiranda, Lucho Meza, Chicho Pijuan, 'Pastrana', Orlando Chavarro, para mencionar a unos cuantos. Pero hora y media después, cuando el féretro con 'el mas grande' -como lo llamaban por su inmenso conocimiento sobre la salsa, la música caribeña y africana, salía hacia su destino final en el cementerio Calancala; el sitio se convirtió no solo en una verbena, sino en un nutrido estadero a golpe de salsa y ritmos africanos, en el que muchos se lanzaron a bailar como si estuvieran en una fiesta y no en funeral.
La música corrió por cuenta del pico El Coreano, bajo sus nuevos propietarios y por gestión de Orlando Becerra, El Boina, gran amigo de Cesar que de esta manera quería rendirle un tributo musical de ultimo momento a "su llave del alma".
Michi Boogaloo en plena danza salsera durante el recorrido al cementerio Calancala con el féretro de Cesar Hernández.
El cortejo fúnebre partió a las 10:30 de la mañana, sobraba gente para cargar el féretro. Muchos entraban y salían echándose sobre sus hombros el ataúd que a veces alzaban y mecían en armonía con la salsa que iba sonando. Se batieron pañuelos blancos y una salva de aplausos acompaño su salida.
¿Por que lo lloran caramba? ¿Por que lo lloran?/
Si ese hermanito ya esta en la gloria...
En el trayecto al cementerio hubo varios momentos en la que la misma gente paro el desfile luctuoso, y de nuevo, como en una verbena o un estadero, se fajaron a tirar pases, recordando tantos instantes en los que Cesar Hernández los puso a gozar con su sabiduría musical.
Miren donde va / volando se ha ido
aquel viejo amigo/ a la virgen va a adorar...
La Cuna blanca, el tema de Raphy Leavitt que se ha convertido en el himno de despedida de los salseros que mueren, sonó muchas veces camino al camposanto. Al igual que Margie, de Ray Barreto; Cacada (La Casa), de Chico Buarque, No me lloren mas, Señora Lola, de Héctor Lavoe, Nina y señora, de Eddie Palmieri. Estos últimos son temas que Cesar Hernández descubrió y elevo a la categoría de éxitos desde la discoteca de El Taboga, su otro hogar musical.
El pico El Coreano, con una cinta morada en serial de duelo,
puso a sonar la música durante el funeral del 'mas grande'.
Humberto Andrade Mariano, el popular Tico Salsa, tomo el micrófono del picó y expresó que este era un momento doloroso. "Fueron 20 años trabajando a su lado, no solo era mi amigo, sino mi consejero. La salsa pierde mucho con su partida". Orlando Becerra fue otro que intervino y exhorto a los asistentes a convertir el sepelio en una rumba. "Vamos a bailar, porque el nos ponía a bailar a todos. Cesar no se va, esta vivo, porque aquí queda su música".
El sepelio de Cesar Hernández llevo tanta asistencia que paraliz6 el trafico por donde pasaba, y en los barrios la gente se asomaba por puertas y ventanas a observar aquel desfile singular.
Ahora mis ojos lloran / se entristece mi canción...
Y así con baile, música, e irónicamente mucha alegría, se despidió al grande de la música, Cesar Hernández Ramírez. A la una de la tarde entro el féretro al cementerio, y a la 1:15 sellaban su tumba, la numero DB-9-469 del Calancala. Fue una despedida con música, es que no podía ser de otra manera, iviejo Cesar!Memorias de ciudad
Publicado por Aretino | marzo 21, 2012 Sección: charadas, historia, Medios, Recuerdos 21 marzo 2012LEER MAS si el periódico no le da por borrar los archivos a que redirigen los links: El patrimonio arquitectónico es la memoria de una ciudad
El Caribe esta de luto
Publicado por Aretino | abril 14, 2011 Sección: Bacanes, Personal, Recuerdos 14 abril 2011Van en línea. En una larga fila que ojala por ahora se detenga un rato. Primero Meira del Mar, dolida por la desidia hacia su mar, ese mar cantado en sus versos de siempre,
Muerte mía
(Del libro Secreta isla)
La muerte no es quedarme
con las manos ancladas
como barcos inútiles
a mis propias orillas,
ni tener en los ojos,
tras la sombra del párpado
el último paisaje
hundiéndose en sí mismo
Luego Sonia Osorio, alejada de todo y todos, viendo en su soledad como el Caribe giraba hacia el lado contrario y ella sin poderlo corregir.
Mas tarde Braulio, el Braulio De Castro; el man que nos enseño – para bien o para mal – que había mas cine que las historias de Ringo, de Django, que los combates de mascara contra mascara protagonizados por El Santo o el Blue Demon. Creador del movimiento cineclubista en la ciudad. se dio a la tarea, además, de enseñarnos que por siempre perdurara el Rock, ese rock al que le dedicó todo su tiempo.
Y cuando pensábamos que la racha terminaría se nos va Hugo Gonzales. Partió hacia esa isla, su isla llamada Caribania, sumatoria de todos los caribes insulares que habitan en nuestros imaginarios. Se fue dejándonos sus letras, sus guiones, sus definiciones de bacaneria, sus proyectos, su manera de ver la cotidianidad y nuestra realidad, Paz en tu tumba, Bacan Mayor.
El callejón del Rosario
Publicado por Aretino | agosto 30, 2010 Sección: charadas, Empute, Invitado, Medios, Opinión, Recuerdos 30 agosto 2010Por Antonio Celia C. El antiguo Callejón del Rosario, hoy Avenida Olaya Herrera, es la columna vertebral de Barranquilla. Nace a orillas del Caño de Las Compañiías, en la Intendencia Fluvial, atraviesa la ciudad y sigue en busca del mar, que es nuestra esencia.
Esta tradicional avenida guarda gratos recuerdos y vivencias de la vieja Barranquilla, como aquellos bautizos en la iglesia del Rosario con los pelaos revolcándose en la arenosa Calle Bolívar, tras las monedas que les lanzaba el padrino, la Batalla de Flores que salía del estadio, bajaba por Olaya Herrera hasta el Paseo Bolívar y se devolvía por Olaya.
Los bailes de carnaval del Salón Carioca, El Paraíso, la gran terraza tropical del Jardín Águila y las ventas de capuchones en las aceras. La curiosidad que despertó la primera escalera eléctrica del Almacén Sears en 1953, las hamburguesas del Kiosco A.B.C. y las tardes de fútbol y béisbol en el Estadio Municipal. ¿Cómo olvidar cuando el corpulento padre Iglesias, del Perpetuo Socorro, se quitó la sotana para pelear con alguien que lo irrespetó en un bus, o las colas de carros esperando que bajara el arroyo de Felicidad?
La original vitrina redonda del Jardín El Rosario, el teatro Doña Maruja y el legendario Chop Suey con los serenateros Rafa Mejía, Morrocoyo, Pacheco, Marcos y el Ñeñe, y tantos otros recuerdos.
Pero hay dos lunares en su historia: la remoción de las antiguas farolas forjadas, donadas a otra ciudad donde sí apreciaron su valor histórico,
y otro: el taponamiento en la Calle 74, cercenando esta emblemática vía, símbolo de la ciudad, lo cual ha generado un rechazo general.
El Museo no es un mausoleo
Publicado por Aretino | noviembre 30, 2009 Sección: Cañon verde, Carnaval, Cine, Cuentos, Empute, Escudos, fotografías, historia, Recuerdos 30 noviembre 2009No entiendo. ¿Como es posible que esa labor quijotesca que realiza Alfredo de la Espriella, historiador de la localidad (palabra que le gusta a @Gerente) no tenga eco en los estamentos culturales de esta ciudad?
Presupuestos van y vienen; unos invertidos, otros despilfarrados (aquí ningún proyecto es evaluado en ninguna de sus etapas) y cada mes el Museo Romántico de Barranquilla, tenedor de lo tangible de nuestro imaginario pasado o que pasa, debe pensar como cancelar sus servicios públicos.
Alfredo y los cuatro gatos deben salir a mendigar una ayuda para que ese compendio de cosas no se caiga, no muera arrumado en el rincón de alguna dependencia oficial. A los pensantes de esta ciudad no se les ha ocurrido que este espacio podría ser un apéndice del tan mentado Parque Cultural del Caribe y su alter ego Museo del Caribe?
Allí reposan muchas de nuestras taras, de nuestros miedos, de nuestros odios representados en escritos, personajes, objetos y espacios copiados a la realidad. El, hace parte de nuestro imaginario colectivo y estoy seguro que en otras latitudes seria una de las obras de mostrar de políticos y entes oficiales. Pero no. Solo pasamos y señalamos su presencia sin comprometernos a su permanencia en el tiempo.
________________________________________
No creas, todo esto también me lo pregunto del Instituto Experimental del Atlántico, una institución que sobrevive a la desidia de los entes oficiales pero que le da lustre a la región mostrando con orgullo todos los premios todos, ganados obtenidos en evaluaciones oficiales, concursos y demás y que cada cierto tiempo debe salir a pasar el cepillo, pedir limosna dicen otros para sobrevivir otro tiempo mas donde sus alumnos se enfrentaran a nuevos retos superándolos sin tanta infraestructura pero si con la enjundia que da el saberse mejor que todos.
El Museo no es un mausoleo
Publicado por Aretino | noviembre 30, 2009 Sección: Cañon verde, Carnaval, Cine, Cuentos, Empute, Escudos, fotografías, historia, RecuerdosNo entiendo. ¿Como es posible que esa labor quijotesca que realiza Alfredo de la Espriella, historiador de la localidad (palabra que le gusta a @Gerente) no tenga eco en los estamentos culturales de esta ciudad?
Presupuestos van y vienen; unos invertidos, otros despilfarrados (aquí ningún proyecto es evaluado en ninguna de sus etapas) y cada mes el Museo Romántico de Barranquilla, tenedor de lo tangible de nuestro imaginario pasado o que pasa, debe pensar como cancelar sus servicios públicos.
Alfredo y los cuatro gatos deben salir a mendigar una ayuda para que ese compendio de cosas no se caiga, no muera arrumado en el rincón de alguna dependencia oficial. A los pensantes de esta ciudad no se les ha ocurrido que este espacio podría ser un apéndice del tan mentado Parque Cultural del Caribe y su alter ego Museo del Caribe?
Allí reposan muchas de nuestras taras, de nuestros miedos, de nuestros odios representados en escritos, personajes, objetos y espacios copiados a la realidad. El, hace parte de nuestro imaginario colectivo y estoy seguro que en otras latitudes seria una de las obras de mostrar de políticos y entes oficiales. Pero no. Solo pasamos y señalamos su presencia sin comprometernos a su permanencia en el tiempo.
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No creas, todo esto también me lo pregunto del Instituto Experimental del Atlántico, una institución que sobrevive a la desidia de los entes oficiales pero que le da lustre a la región mostrando con orgullo todos los premios todos, ganados obtenidos en evaluaciones oficiales, concursos y demás y que cada cierto tiempo debe salir a pasar el cepillo, pedir limosna dicen otros para sobrevivir otro tiempo mas donde sus alumnos se enfrentaran a nuevos retos superándolos sin tanta infraestructura pero si con la enjundia que da el saberse mejor que todos.
El viejo Efra, mi abuelo
Publicado por Aretino | noviembre 05, 2009 Sección: Personal, Recuerdos 05 noviembre 2009Hoy recordé al viejo Efra, mi abuelo. Hoy cuando mis sueños caducaron por vencimientos de términos.
Alto, enjuto, vestido con pantalones holgados de dril color caqui y camisas patinadas de sudor y polvos. Ese era mi abuelo. Cuando niños nos levantábamos y corríamos al comedor que estaba a un costado del patio a desayunar. En una olla, el café con leche, a su lado el cucharón y el colador metálico de extraño diseño y que nunca nadie supo como llego a la casa de paja, nuestra casa. En el centro de la mesa estaba la bandeja con la pila de panes de sal. Panes pequeños, alargados, de miga tostada y suave; panes, que si no sabias tratarlos te estallaban en la mano. Él los abría y les aplicaba una capa de mantequilla. Después no sabíamos más de él hasta la otra mañana.
Al crecer, en compañía de mi abuela íbamos a visitarlo. Caminábamos barrios extraños, barrios de ricos. Convivíamos a ratos en caserones solos, con vestigios de buenas épocas. El abuelo trabajaba como celador de una empresa de bienes raíces. Con mi hermano, organizaba excursiones por todos los rincones y llegábamos llenos de trofeos a nuestra casa. Extraña costumbre heredada de nuestra abuela que en visitas a casa de patrones nos traía lo que desechaban y algunas otras cosas.
Al llegar Navidad, nuestra casa no se llenaba de festones, de musgos, ni de villancicos, tampoco pensábamos en regalos del niño Dios; desde que teníamos lo que llaman uso de razón veíamos como el comedor se invadía de conos de cartón, de esos en que venían entacados los hilos. Mi papá los acumulaba en un rincón de la Hilandería donde trabajaba y al llegar diciembre se los traía. El cortaba las hojas de los periódicos en octavos y con engrudo y una varilla de media hacia unas cañas que ponía a secar al sol.
A la vuelta de la casa había un taller de fotomecánica. En una de esas tardes, mientras las cañas se secaban, iba allá y volvía cargado de negativos que cortaba en tiras de medio centímetro de ancho y dos de largo.
Cuatro días antes de Nochebuena nos llevaban a la feria del juguete en la plaza de San Nicolás y nos instalaban en puestecitos robados al favor. A vender pitos de Nochebuena, en eso se convertía el engrudo, el cono, los papeles brillantes, el negativo y el soplar todo el día, en pitos de Navidad. Ahí empezó a morir esa inocencia que trata de mantener viva la publicidad. Soldaditos, cananas, cartucheras, balones, carros de lata y carretas se desprendieron de una vez de su antifaz de premio al pórtate bien y enseñaron los dientes de la cruda realidad, de esa realidad que no podía regalar bicicletas, carros de batería, pistolas de fulminantes o más de dos regalos de la extensa lista que siempre le escribíamos al niño Dios.
A veces, en rabias y enojos de abuelos, supe porque no lo veía a menudo. En sus tiempos libres, que con el tiempo era todo su tiempo, jugaba dados con otros como él o más vivos; perdía lo poco que ganaba igual que cuando jugaba ruleta. En las noches, llegaba y salía al mismo tiempo armado de un rústico banjo que rasgaba en noches de serenatas. En la mañana siguiente después de abrir los panes de sal y preparar el café intentaba recuperarse del trasnocho recostado en una mariapalito que acomodaba en el fondo más sombrío del patio.
Cuando enfermó, me dolía verlo vencido, con su vientre hinchado. A veces, cuando me sentía abría un ojo y me miraba triste, lloroso. Yo le tomaba la mano y sabía que así serian mis manos, de hacedor de ilusiones, de apostador a realidades.
Hoy recordé al viejo Efra, mi abuelo. Hoy cuando mis sueños caducaron por vencimientos de términos.
Alto, enjuto, vestido con pantalones holgados de dril color caqui y camisas patinadas de sudor y polvos. Ese era mi abuelo. Cuando niños nos levantábamos y corríamos al comedor que estaba a un costado del patio a desayunar. En una olla, el café con leche, a su lado el cucharón y el colador metálico de extraño diseño y que nunca nadie supo como llego a la casa de paja, nuestra casa. En el centro de la mesa estaba la bandeja con la pila de panes de sal. Panes pequeños, alargados, de miga tostada y suave; panes, que si no sabias tratarlos te estallaban en la mano. Él los abría y les aplicaba una capa de mantequilla. Después no sabíamos más de él hasta la otra mañana.
Al crecer, en compañía de mi abuela íbamos a visitarlo. Caminábamos barrios extraños, barrios de ricos. Convivíamos a ratos en caserones solos, con vestigios de buenas épocas. El abuelo trabajaba como celador de una empresa de bienes raíces. Con mi hermano, organizaba excursiones por todos los rincones y llegábamos llenos de trofeos a nuestra casa. Extraña costumbre heredada de nuestra abuela que en visitas a casa de patrones nos traía lo que desechaban y algunas otras cosas.
Al llegar Navidad, nuestra casa no se llenaba de festones, de musgos, ni de villancicos, tampoco pensábamos en regalos del niño Dios; desde que teníamos lo que llaman uso de razón veíamos como el comedor se invadía de conos de cartón, de esos en que venían entacados los hilos. Mi papá los acumulaba en un rincón de la Hilandería donde trabajaba y al llegar diciembre se los traía. El cortaba las hojas de los periódicos en octavos y con engrudo y una varilla de media hacia unas cañas que ponía a secar al sol.
A la vuelta de la casa había un taller de fotomecánica. En una de esas tardes, mientras las cañas se secaban, iba allá y volvía cargado de negativos que cortaba en tiras de medio centímetro de ancho y dos de largo.
Cuatro días antes de Nochebuena nos llevaban a la feria del juguete en la plaza de San Nicolás y nos instalaban en puestecitos robados al favor. A vender pitos de Nochebuena, en eso se convertía el engrudo, el cono, los papeles brillantes, el negativo y el soplar todo el día, en pitos de Navidad. Ahí empezó a morir esa inocencia que trata de mantener viva la publicidad. Soldaditos, cananas, cartucheras, balones, carros de lata y carretas se desprendieron de una vez de su antifaz de premio al pórtate bien y enseñaron los dientes de la cruda realidad, de esa realidad que no podía regalar bicicletas, carros de batería, pistolas de fulminantes o más de dos regalos de la extensa lista que siempre le escribíamos al niño Dios.
A veces, en rabias y enojos de abuelos, supe porque no lo veía a menudo. En sus tiempos libres, que con el tiempo era todo su tiempo, jugaba dados con otros como él o más vivos; perdía lo poco que ganaba igual que cuando jugaba ruleta. En las noches, llegaba y salía al mismo tiempo armado de un rústico banjo que rasgaba en noches de serenatas. En la mañana siguiente después de abrir los panes de sal y preparar el café intentaba recuperarse del trasnocho recostado en una mariapalito que acomodaba en el fondo más sombrío del patio.
Cuando enfermó, me dolía verlo vencido, con su vientre hinchado. A veces, cuando me sentía abría un ojo y me miraba triste, lloroso. Yo le tomaba la mano y sabía que así serian mis manos, de hacedor de ilusiones, de apostador a realidades.
Alfredo Correa de Andreis
Publicado por Aretino | septiembre 17, 2008 Sección: Recuerdos 17 septiembre 2008No son los pantys como los llaman los paisas o un mote que le endilgaron a alguien. Era un juego de azar o suerte que se jugaba con cuatro granos de maíz marcados por un lado. Granos que se le pedían al tendero cuando el maíz se vendía en las tiendas a granel. Al lanzarlos y dependiendo de la cantidad de granos marcados se acumulaban puntos. Si salían los cuatro granos marcados se decía cuco y se ganaba todo toda la pará pozo. ![]()
No tengo noticias de este juego en otros lugares del país o América pero imagino - no nos vamos a creer el ombligo del mundo por esto - que se jugará algo parecido y con otras leguminosas gramíneas.
No son los pantys como los llaman los paisas o un mote que le endilgaron a alguien. Era un juego de azar o suerte que se jugaba con cuatro granos de maíz marcados por un lado. Granos que se le pedían al tendero cuando el maíz se vendía en las tiendas a granel. Al lanzarlos y dependiendo de la cantidad de granos marcados se acumulaban puntos. Si salían los cuatro granos marcados se decía cuco y se ganaba todo toda la pará pozo.
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No tengo noticias de este juego en otros lugares del país o América pero imagino - no nos vamos a creer el ombligo del mundo por esto - que se jugará algo parecido y con otras leguminosas gramíneas.
Colegio Barranquilla para Varones
Publicado por Aretino | julio 05, 2008 Sección: Barranquilla, fotografías, Recuerdos 05 julio 2008Este mes el Colegio Barranquilla para Varones cumple 100 años. Esta fue la primera sede donde funciono tan afamada institución que hoy presenta graves signos de deterioro y estamos seguros que no hay tu tía que valga, será demolida igual que los otros espacios de un imaginario cada vez mas reducido.
Entonces viene uno y se pregunta, ¿porque allá si y aquí no?![]()
Colegio Barranquilla para Varones
Publicado por Aretino | julio 05, 2008 Sección: Barranquilla, fotografías, RecuerdosEste mes el Colegio Barranquilla para Varones cumple 100 años. Esta fue la primera sede donde funciono tan afamada institución que hoy presenta graves signos de deterioro y estamos seguros que no hay tu tía que valga, será demolida igual que los otros espacios de un imaginario cada vez mas reducido.
Entonces viene uno y se pregunta, ¿porque allá si y aquí no?
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Crónicas del Barrio Chino
Publicado por Aretino | mayo 22, 2008 Sección: Barrio Chino, historia, Recuerdos 22 mayo 2008LAS VERBENAS EN EL BARRIO. Recuerdo que allá en la casa hacíamos los tiquéticos para los bailes; se compraba una cartulina, y había un sello de caucho que decía "La Unión", entonces uno de mis tíos cogía la cartulina, la habría en la mesa y la rayaba del ancho del sello, yo ponía los sellos y después cortábamos y hacíamos paqueticos de 50 tiquetes, esos tiquéticos los llevaba mi tío José al bar y se los daba al cantinero.
Eso tenía un valor de 5 centavos, la persona compraba 10 ó 15 tiquetes para echar la bailada. En cada baile le daba un tiquete a su pareja entonces esa pareja iba después del baile a la caja, entregaba el tiquético; a ella le daban un centavo, dos centavos para la cantina y dos centavos para la orquesta.
El ron blanco, que siempre ha sido de aquí, era el que se vendía más que todos; recuerdo que en el año '40, en la cantina vendían la botella entre 40 y 45 centavos. La cerveza valía entre 12 ó 15 centavos. Vendían también el Anis de Coco y el Ron Viejo 17. Después llegaron, para el '40 rones de otros departamentos como el Ron Viejo de Caldas.
Crónicas del Barrio Chino
Publicado por Aretino | mayo 22, 2008 Sección: Barrio Chino, historia, RecuerdosLAS VERBENAS EN EL BARRIO. Recuerdo que allá en la casa hacíamos los tiquéticos para los bailes; se compraba una cartulina, y había un sello de caucho que decía "La Unión", entonces uno de mis tíos cogía la cartulina, la habría en la mesa y la rayaba del ancho del sello, yo ponía los sellos y después cortábamos y hacíamos paqueticos de 50 tiquetes, esos tiquéticos los llevaba mi tío José al bar y se los daba al cantinero.
Eso tenía un valor de 5 centavos, la persona compraba 10 ó 15 tiquetes para echar la bailada. En cada baile le daba un tiquete a su pareja entonces esa pareja iba después del baile a la caja, entregaba el tiquético; a ella le daban un centavo, dos centavos para la cantina y dos centavos para la orquesta.
El ron blanco, que siempre ha sido de aquí, era el que se vendía más que todos; recuerdo que en el año '40, en la cantina vendían la botella entre 40 y 45 centavos. La cerveza valía entre 12 ó 15 centavos. Vendían también el Anis de Coco y el Ron Viejo 17. Después llegaron, para el '40 rones de otros departamentos como el Ron Viejo de Caldas.
Ángeles somos / del cielo venimos
Pidiendolimosnasangelitos / pa’ nosotros mismos
Estribillo de la fiesta de antaño, esa que se celebraba todos los primeros de noviembre víspera del día de los muertos, la fiesta de los angelitos, que de mil maneras ha intentado institucionalizar y revivir tanto la gobernación como la alcaldía en proyectos costosos que no han dado ningún resultado.
“Barranquilla ha perdido mucho de sus tradiciones. El ‘Día de los Angelitos’ nació como expresión colectiva en esta región caribeña, es parte de su acervo cultural. Hace un tiempo muy largo, la fecha de Inglaterra (Halloween) se ha mezclado con la de los ángeles, primando un proceso comercial de brujas y diablos a la venta. Esa comercialización ha ido reemplazando, tristemente en muchas personas, la espiritualidad”
Fiesta donde esta marcada de salida la actitud servil que nos inculcaron y perseguirá toda la vida. Pedimos aguinaldos, la liga, la ñapa, pedimos el puesto al político de turno sin importar si calificamos para ello – de lo que sea docto –, pedimos y pedimos…
Luego sin saber en que momento alguien en su maleta se trajo de mayami el halloween y fuimos mas envalentonados al pedir, pero seguíamos pidiendo…
Trique, trique halloween / Quiero dulces para mí
Si no hay dulces para mí / Se te crece la nariz
Como podemos ver ya en este estribillo esta la amenaza solapada que mas tarde degenero en esa que escuchas en cada bus que te montas;
Les pido una colaboración pues tengo a mi madre enferma, a mi hija, a mi mujer, mis niños no han comido, y se que es mejor estar aquí poniendo la cara que estar en una esquina esperando que usted pase para quitarle sus cositas….
La cuestión no es de añoranza, la cuestión es de actitud ante una mantra que condiciono a toda una generación; Por favor no disfracemos a nuestros niños con nuestra nostalgia. Y que yo recuerde nunca me disfrace de ángel.








