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Porque Barranquilla florece he aquí una nueva flor en este jardín sembrado a la fuerza en la tierra de las oportunidades, otrora mejor vividero o ciudad de vivos. Perlas como estas, la estafa a usuarios de viviendas, la creación de empresas de fachadas pa’que familiares se lucren se ven en esta administración y la venidera y no decimos ni pio. Info recibida vía mail.

De todos modos estaremos a la espera que alguno de los jurados publique las actas referentes a calificaciones o se pronuncie el porque fue escogida esta canción o porque, si existía un grado de consanguinidad con la administración, esa persona no se abstuvo de participar para evitar suspicacias.

En la elección y convocatoria de la canción del Carnaval de Barranquilla  ocurrieron todo tipo de irregularidades e inhabilidades procedimentales:

  1. En los procedimientos de inscripción de los concursante pedían un cd sin voz que sirviera como acompañante en las eliminaciones y otro con voz. También pedían partituras, registros, todo bajo la reserva del "anonimato".
  2. El concurso se cerraba el 15 de noviembre, aplazando su cierre para el 22 de noviembre.
  3. El lunes 28 de febrero llaman a los cinco finalistas y le informan sobre su condición.
  4. El 29 se informa a la opinión pública que hay una ganadora: Monica Marino con su canción Colores de febrero. Obvian los procesos eliminatorios de los cinco finalistas ante el jurado y/o público, por la sencilla razón que la ganadora carece de los conocimientos de cantante de música folclórica y tropical.
  5. Respecto a la condiciones específicas de la ganadora Dra. Marino, de  folclorista o de cantante de aires de la región Caribe colombiana son desconocidas.  Su profesión es médica y sus dotes de cantante aficionada estriban en el manejo  de los géneros de bossa novas,  boleros y paseos de salón.
  6. Según el maestro Antonio Peñaloza, autor del himno del Carnaval de Barranquilla, Te olvidé; no existe el genero chande en que se ubicó a la canción ganadora. Este subgénero pertenece al complejo rítmico de la tambora, en la depresión momposina, y es desconocido en las tradiciones musicales del Carnaval de Barranquilla por las características del toque de su tambora.
  7. Uno de los integrantes del jurado calificador fue presidente de la comparsa de carnaval en donde Monica Marino fue capitana hace algunos años. Mantienen una vieja amistad.
  8. Otro de los jurados ha sido músico en alguna de las agrupaciones de bolero y bossa novas montada por la Dra. Marino.
  9. De los jurados, solo hay uno con experiencia comprobada en la producción de temas folclóricos.
  10. Una inhabilidad relativa: Monica Marino es tía de la esposa del Alcalde de Barranquilla, directivo de la entidad organizadora del concurso: Carnaval S.A.

siete a cero

15 de noviembre de 2011

El encuentro se desarrollaba normalmente. A medida que transcurría el tiempo reglamentario, los ánimos se iban caldeando. Después de un centro de C., y en un descuido de su marcador Roberto se descolgó con la pelota pegada a sus pies por toda la línea izquierda. -Dispara!, dispara!-.

Dicen que fue lo último que dijo el técnico desde la banca cuando una ráfaga vomitada desde un rincón de la cancha celebró con estrépito el gol que le había metido a la vida.

La mujer barbuda y la literatura bizca

9 de noviembre de 2011

En su columna - Rabo de paja - Esteban C Mejía hace un análisis de la ultima, hasta ahora, novela escrita por Ramón Illán Bacca - La Mujer Barbuda -. Comparto con ustedes sus apreciaciones y larga vida a este insigne escritor

Ay, la mujer barbuda y la literatura bizca
Por: Esteban Carlos Mejía

Barranquilla —Curramba, la bella— es insondable, llena de secretos y curiosidades, leyendas ribereñas y cuentos callejeros, una ciudad mitológica por naturaleza. No es casual, al menos a mí no me lo parece, que el mejor escritor de Colombia haya vivido allí sus años de formación. Ni tampoco que su compinche Álvaro Cepeda Samudio haya escrito La casa grande, pequeño gran texto, con el río Magdalena y Puerto Colombia a las espaldas. Quilla, Arenosa querida, tiene el indescifrable encanto de las metrópolis literarias.

Allá también ha hecho su obra uno de los escritores más insólitos de este país tan escaso en escritores insólitos: Ramón Illán Bacca. Acabo de leer La mujer barbuda (Seix Barral, Bogotá, 2011, 177 páginas), su más reciente libro. ¡Qué fábula! ¡Qué delicia! ¡Qué goce pagano! La narrativa de Ramón Illán es costeña sin ser macondiana, es exagerada sin ser extravagante. Impertinente. Espontánea. Jubilosa. Spencer Cow y La Chipriota, protagonistas de la novela, brillan con luz propia, marcados por el más puro y legítimo mamagallismo. Su visión torcida y retorcida de la realidad, sus agudos apuntes y su falta de escrúpulos ante la solemnidad y la mediocridad son incomparables. No voy a contar la anécdota ni, mucho menos, el final de la disparatada historia. Ni más faltaba. Debo advertir, eso sí, que se trata de un affaire entretenido y ambiguo, no apto para hipócritas ni santurrones. Gracias al humor y al desparpajo va más allá de lo escatológico y alcanza sobresalientes cumbres de inspiración.

Porque Ramón Illán es un maestro del esperpento. Ya lo había demostrado con creces en Deborah Kruel (1990), Maracas en la ópera (1999) y Disfrázate como quieras (2002). Y también, claro está, en Marihuana para Göering, su colección de cuentos de 1980. ¿Pero qué diablos es un esperpento? Es un estilo literario creado por su tocayo Ramón del Valle-Inclán, escritor español de la generación del 98, “en el que se deforma la realidad, recargando sus rasgos grotescos y sometiendo a una elaboración muy personal el lenguaje coloquial y desgarrado”. Una crítica implícita a la sociedad, pues. Creo que el cultor más refrescante del esperpento en la literatura hispanoamericana ha sido el escritor mexicano Jorge Ibargüengoitia, cuyas novelas, desde Los relámpagos de agosto hasta Estas ruinas que ves, son tan hilarantes y descabelladas como las del mismo Bacca.

Con La mujer barbuda se comprueba, por enésima vez, que la literatura colombiana se escribe al margen, fuera del alcance de las matronas de la farándula cultural bogotana, con sus miriñaques de marketing y sus prejuicios capitalinos, esto es, provincianos. Y la de Ramón Illán, además, es una literatura bizca: deforma y reconstituye a su antojo la vida ordinaria hasta transformarla en una materia sustancialmente superior, de indefinible belleza y encanto arrasador. Por eso, Ramón Illán, fájate otra vaina así. Dale, pana, no seas tacaño con tus lectores.