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Historia

14 de abril de 2013

Muchos ‘historiadores – investigadores – creativos – diseñadores -  politicos – varilleros - coimes  y otros especímenes  de hoy piensan que antes de la Internet no existía nada, la nada.

Bueno y sigue la catarranga de críticas al proceso #Bicentenario craneado por la Alcaldía de Barranquilla para festejar 200 años de haber sido erigida en villa esta ciudad de dios, este #infierno grande.

Hoy comparto la lectura de esta columna escrita por Diego Marin Contreras, – Revista LATITUD - columnistas de mis afectos pero que últimamente pareciera, ojo pareciera, que estuviera pagando favores recibidos. Obviando ese impasse - que no se me ha olvidado – considero que es buena la intención pero también que esas listas terminan siendo eso listas y no lugares de encuentro.

A Marina Danko Villalba

Lagunas culturales del Bicentenario. Y Dios creó a Curramba La Bella. Y, antes que nada, a la inmortal negra divina que pasa cantando: ‘Alegríaaaa, alegría con coco y aní’. Y Dios creó la Luna de Barranquilla, que tiene una cosa que maravilla. Pero a Dios, ocupadísimo con tantas creaciones, se le olvidó una cosa: crearle memoria a los barranquilleros. Ni RAM ni ROM, ni siquiera una USB, pura amnesia bateando de home run en el Tomás Arrieta de la inconsciencia y el atraso.

Y por eso es que muchos no saben que Barranquilla es más, muchísimo más, que el Junior y el Carnaval, hacia los cuales no profeso sino fervor y admiración. Pero uno no es del tamaño de su estatura, sino del tamaño de lo que ve. Veo, veo, ¿qué ves? Que la conmemoración del Bicentenario ha estado llena de inexplicables lagunas culturales, tal parece Kendale Lakes. No ataco ni señalo a nadie, los ataques personales obnubilan el juicio objetivo de los fenómenos analizados. Pero es inexplicable, por ejemplo, que en la agenda cultural de estas fechas históricas no se haya incluido un merecido homenaje a Alfredo De la Espriella, que se le haya dejado por fuera de unos dominios que le pertenecen por derecho propio.

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Hermano mío, ¿qué ves en la mentalidad de Barranquilla? Yo veo una compulsión sospechosa a idealizar tanto el pasado como el futuro, pero una cobarde negativa a enfrentarse con un sesudo análisis del presente. Vivimos en un limbo mental, entre tres ‘frías’ y un partido del Junior, mientras vemos pasar la historia de la ciudad como quien ve una película en TV Cable, con malos y todo el cuento: pilas, que mañana puedes ser tú, o yo. Como si los demás fueran buenos, como si no los gobernara el miedo, la inconsciencia y la falta de compromiso consigo mismos y con el desarrollo de la ciudad. Celebramos formas, no contenidos.

Venimos de Ángel María Palma, fundador de Cementos del Caribe, empresario, industrial y poeta, un self made man, un hombre hecho a punta de tesonero esfuerzo personal, que cuando viajó a Estados Unidos, en los inicios del siglo XX, fue recibido con titulares del New York Times. Venimos, en nuestra historia industrial, de la fábrica de Tejidos Obregón (1910-1957), una de las más pujantes empresas del país en esos tiempos, proyecto de la misma familia que construyó el Hotel El Prado, cuando el ingreso per cápita de la ciudad era el más alto de Colombia. En la entraña misma de esa estirpe nació Alejandro Obregón Rosés, que partió en dos la historia del arte colombiano.

Venimos de la Urbanizadora  El Prado, creada, en 1919, por Manuel J. De La Rosa y Karl C. Parrish. En ese mismo año los hermanos Adalgiso y Generoso Mancini crearon la Fábrica de Harina La Insuperable, con la más moderna maquinaria de su tiempo. De Palestina a ‘hacer la América’, con doce años de edad, llegó también Elías Muvdi. Ni elitismo ni lambonería: historia, esa que parece ni siquiera ojearon los organizadores del Bicentenario, quienes también excluyeron a los municipios, que le han dado todo a Barranquilla.

Venimos de la Cafetería Almendra Tropical, fundada por Celio Villalba Rodríguez, quien importó de Alemania, al inicio la década de los treinta del siglo pasado, lo que hoy llamaríamos tecnología de punta. Venimos de hombres como esos, de mirada abierta cual el Mar Caribe, que no temían abrirse al mundo, que eran del tamaño de lo que miraban. Veo,  veo, ¿qué ves? A su nieta, Marina Danko Villalba, cuya extraordinaria belleza me deslumbró desde que era un niño. Una mujer fina, culta, elegante, la encarnación misma de eso que llaman fashion y glamour, hasta tal punto que en la Madre Patria la han nombrado Lady Spain, y quien es además una destacada diseñadora de joyas, pero aquí ni siquiera se les ocurrió  invitarla a la conmemoración del Bicentenario. Qué elite ni que ocho cuartos. Ignorancia, provincianismo que se mira el ombligo y no ve el mundo, resentimiento social, envidia, soberbia de negarse a buscar asesoría de expertos.

Venimos de Samuel Hollopeter y del profesor Alberto Assa, que mandaba a sus estudiantes al mundo ancho y ajeno, tal era la amplitud de su mirada. Venimos de Alfredo Gómez Zurek, el único director del Teatro Amira de la Rosa merecedor de tal nombre, un gentleman, un renacentista, que hablaba de ingeniería, tocaba el piano, administraba el teatro, era amable con todo el mundo y escribía poemas al mismo tiempo. Alfredo es Barranquilla, pero no veo que se le nombre en el Bicentenario, ni a Campo Elías Romero ni a Braulio De Castro. ¿Quién hizo tal fechoría? Nadie en particular, la incultura en general.

Somos las ideas filosóficas de Julio E. Blanco y de Luis Eduardo Nieto Arteta. Somos los herederos del Grupo de Barranquilla: Germán Vargas, Alfonso Fuenmayor, Álvaro Cepeda Samudio y Gabriel García Márquez, ignorados por completo en estas calendas graecas, por aquello de que los griegos ni siquiera tenían calendas. Somos Centeno y Changó, La Charanga, Ralfi 100, el Ypacaraí y Simón Boloncho, El Palo de Oro y La gardenia azul. Señores, yo traigo de todo. Somos Pompeyo Llamas y Many Villa, Segovia y Segrera Calixto Avena. Somos el atardecer en el Muelle de Puerto Colombia, adonde arribaron los padres de Meira, la del mar. Somos una ilusión del Caribe blanco azul. Somos una crónica de Juan Gossaín. Somos una pincelada del maestro Ángel Loochkartt, un congo que nos mira asombrado. Aumenta la amplitud de tu mirada, barranquillero, se lo debes a tu ciudad, si te quedas tan solo con el ron y el carnaval estás  frenando el desarrollo de la urbe que dices amar. Somos La Cueva y El Carnaval de las Artes.

Somos los zapatos de Álvaro Cepeda Samudio montados sobre el escritorio de su oficina en Diario del Caribe, somos los valiosos, clásicos, editoriales de Francisco Posada De La Peña, somos un sueño periodístico de Juan B. Fernández Ortega, conocido como EL HERALDO; somos El Nacional de los Devis y La Prensa de los  Martínez Aparicio; somos La Libertad de Roberto Esper con sus Supermercados Robertico, con su lema “Compre como pobre y coma como rico”,  memoria, brother, pero estamos empeñados en ser los protagonistas del olvido. Somos la erótica manzana del Edén, de Miguel Rash Isla, y somos su belleza, señora bonita. Somos alegría, alegría con coco y aní. Somos las plumillas de Guillo Ardila, la barba de Norman Mejía, las gafas de Ernestico McCausland y la Alacena con zapatos del Sindicato. Somos la galería de las Lara, el Salón de Avianca, La Escalera, Papagallo, El Tufo, el misterioso encanto de la noche barranquillera, otra, otra noche, otra, somos el Centurión de la Noche. Este cantar es para ti, barranquillero. Si la ponemos a dieta, somos la estatua del Joe, que se baja y se faja a bailar todas las madrugadas en el Parque de los Músicos.

Somos gente de todas partes, arte entre las artes. Somos El Cartel del Suero y la mesa del carpintero. Somos el santandereano de la tienda y el paisa del Shopping Center, el chofer de taxi y el conductor del Transmetro, somos el inmortal bus de Puerto Colombia rumbo a la dimensión desconocida. Somos la visión de don Mario Santo Domingo y las iniciativas aéreas de Ernesto Cortissoz, somos el diseño del Teatro Amira De la Rosa trazado con impecable estética de maestro por el inolvidable Mario Lignarolo Marenco. Somos el pianito aquel con que comenzaba ‘queremos ver la cara que pones, payaso’, somos  los ecos verbeneros de Tobacco road, road, road, road. Somos El Gusano y Le Cleff. Somos todas las músicas y todos los idiomas, and the international language en la piscina con gringas del Hotel El Prado. Ciudadanos del cosmos, somos cosmopolitas. Nada nos turba, nada nos espanta. El moralista que se cree bueno –solo  Dios es bueno– no parece uno de los nuestros.

Somos el vendedor de raspa’o y el psiquiatra de los pobres, ese que pasa gritando: ‘arreglo la de presión’. Somos las butifarras de la esquina, y el recuerdo imborrable del grupo literario del mismo nombre. Hey, somos Mario Miranda, el Carlitos Monzón de Barranquilla, y Chapman, el instructor, con quien me entrené alguna vez dizque para ser pugilista. Somos la pepa e’ mango y el corazón de la ciruela, somos el ñato que vende arropillas desde que yo estaba en la U, somos el loco Randy, de profundos ojos azules, que caminaba siempre con un botellón de gaseosa por los predios de la Autónoma. Somos la fina mirada del maestro José Félix Fuenmayor, que fundó sin darse cuenta la novela moderna en Colombia.

Somos Marcos Pérez Caicedo, Chelo De Castro, Édgar Perea, Fabio Poveda, Forero Sanmiguel Informa, el hijo de doña Cristi y Jorge Cura. También somos la sonrisa carismática del cura Linero, pero con un poquito de menos ego, Alberto, te lo dice un amigo sincero. Somos la bondad, la ternura, el trato abierto de monseñor Víctor Tamayo –el entrañable Tamayito–, Barranquilla es El Pibe Valderrama ayudando a empujar un carro varado en el furor del mediodía, es Curtis Buitrago bailando, como solo él bailaba, la danza del garabato.

Somos la lluvia de oro, la acacia y el matarratón, somos el furtivo paso de un bombón. Somos el bello aire de la mañana, cuando hacemos gimnasia y nos madruga la amnesia. Y Dios dijo: “no es bueno que el barranquillero viva tan solo en el olvido”, y levantando la vista, nos creó a todos nosotros, los cronistas, para que, duélale a quien le doliere, contáramos, en forma amena, la verdadera historia de Barranquilla sin ninguna pena. La que no registra la oficial memoria del político aquel y ni siquiera está en los sesudos libros que lee el querido Gustavo Bell. Veo, veo, ¿qué ves? Que la misma belleza habita en un atardecer de Obregón, una frase de Gabo o el inefable rostro de Marina Danko Villalba, ignorados todos por los organizadores del Bicentenario sin fecha en el calendario.

Caramba, amnésico y anestésico, como fraguado desde el páramo, y no en las procelosas aguas de nuestra ilusión del Caribe blanco-azul, como tus ojos, señora bonita. Yo, que la quiero tanto, hasta la vida diera por vencer el miedo de escribirla a usted, mi Curramba La Bella. De verla volver a ser, pero de verdá  verdá, sin retoques ni maquillaje, sin intereses creados, sin pactos de mutua conveniencia, sin protagonismos narcisistas, sin complejos, ni odio, ni resentimientos, ni envidia, sin señalar malos afuera porque un ciudadano consciente debe saber que todos los llevamos por dentro, sin mentiras verdaderas, sin atropellos a la razón, con el corazón, con los Mancini, los Muvdi, los Palma, los Villalba, los Obregón, con italianos, alemanes, árabes y judíos, con todos los que tienen valores y tradición.

Barranquilla de mis entrañas, sueño con volverte a convertir, por puro esfuerzo de mi enamorada memoria, en la eterna, inagotable y pura Puerta de Oro de Colombia, lluvia dorada de mi historia. Por lo demás, lector, hazme el dos y digamos juntos con amor sincero: ‘alegríaaaa, alegría con coco y aní’, voz de mi pueblo, palabra de mi Dios barranquillero.

Texto tomado de la Revista Latitud, de la serie Historia Grafica de Barranquilla, escrito por Helkin Alberto Núñez Cabarcas

Gaitán en el Romelio Martínez (EL HERALDO, diciembre de 1940).

Jorge Eliécer Gaitán en La Arenosa. La presencia de Jorge Eliécer Gaitán en el departamento del Atlántico y la Costa Caribe colombiana era frecuente; sus mismas vacaciones en el municipio de Puerto Colombia le daban la confianza de estar en casa, concretamente en el Hotel Esperia, propiedad de la familia Bonfanti Sonzini, inmigrantes italianos quienes establecieron un emporio turístico-comercial  por muchas décadas. Estas visitas y vacaciones eran periódicas en el año, incluso meses antes del deceso preparó su última defensa en el otrora lujoso hotel para luego partir a la capital y encontrar su destino fatal. Visitas y gestiones en pro del bienestar colectivo identificaron su liderazgo y servicio a esta ciudad. En el 65 aniversario de su asesinato recordamos su historial, primero como Ministro y luego como candidato presidencial. Las primeras manifestaciones públicas en el comienzo de su campaña presidencial hacen estación obligada a La Arenosa. Una vez nombrado el 1 de febrero de 1940 como Secretario de Educación Nacional, en menos de un año inaugura los trabajos para la construcción del estadio de basketball en el Parque Surí Salcedo, escenario deportivo que serviría para los eventos de los V Juegos Centroamericanos y del Caribe.

El 7 de febrero de 1947, en los balcones de Emisoras Unidas, pasadas las 8:30 de la noche, a una multitud que lo aclamaba ratificaba que su nombre encabezaría las listas de candidatos para la Asamblea del Atlántico por la corriente que él acaudillaba.  En marzo del mismo año se daban los resultados electorales en el Departamento, Gaitán conquistaría seis curules en la Asamblea del Atlántico. En junio de 1947 su campaña presidencial llenaba nuevamente, y en tercera ocasión, el Paseo Bolívar; su idea retumbaba en los altoparlantes que se apostaban en cada esquina larga de esta Barranquilla vestida de rojo. “Embargado hasta más no poder por esta manifestación con que habéis querido abrumarme, grande y fervorosa como no lo habían visto vuestros ojos ni los míos, encuentro que Barranquilla, ya de lejanos tiempos amada mía, llegó ahora a vindicar el recóndito de mi espíritu”.

Su desaparición en aquel viernes 9 de abril de 1948 hace que la Dirección Liberal local lidere ante el escultor bogotano Luis Pinto Maldonado el monumento al líder de las multitudes. Este busto fue entregado al Concejo Municipal de Barranquilla el día 15 de octubre del mismo año, obsequiado por don Pascual del Vecchio. Siendo aquel  viernes también, pero fechado 22 de abril de 1949, cuando es develado solemnemente el busto del doctor Gaitán a las cuatro de la tarde  por Carlos Lleras Restrepo, presidente de la Dirección Nacional del liberalismo, procediendo a levantar la bandera roja que cubría el busto; con un silencio prolongado es develado, inaugurándose así el busto hecho en bronce del mártir del 9 de abril, desde aquel día ya son 64 fotografías que demuestran la presencia de Gaitán y sus seguidores en la Plaza denominada de la Nevada.

Barranquilla, solo un Sitio de Libres

11 de abril de 2013

Compartimos por considerarla de interés esta columna escrita por Lola Salcedo y publicada en el periódico El Heraldo

Barranquilla, solo un Sitio de Libres. El gobierno Santos, en pleno, coquetea y ensalza a La Puerta de Oro y acá vinieron a celebrar el Bicentenario trayendo como regalazo un monumental arco de bienvenida que será construido en la entrada por la Autopista al Mar. No voy a referirme al diseño ni al costo: ambos de mal gusto, en una urbe desbordada por la corrupción, el empleo informal ‘formalizado’, la inseguridad, lo light y la chabacanería como formas sociales de relacionarnos.

De las primeras tres categorías no necesito decir nada, porque están ampliamente documentadas por los medios tradicionales y los electrónicos, apuntalados en informes oficiales, cuando no lamentos de los funcionarios encargados y los políticos en campaña: ya sea porque arañan apenas la contratocracia o no huelen la gobernabilidad (reparto de puestos y gabelas). Las dos últimas, lo light como estilo de vida y la chabacanería como modo currambero, merecen una reflexión, con la ilusión de que tan siquiera una persona, reprograme su chip interior para no seguir cayendo en la bajeza, la plebedad y lo escatológico.

Lo ligero (light en inglés) como su nombre lo indica y lo define la RAE es actuar con levedad, prisa, y sin reflexión. ¿Hay acaso una mejor descripción de lo que somos como ciudadanía? Por eso aplaudimos a rabiar un banderón costoso que ha sido cambiado 14 veces, porque el viento hace lo suyo recordándonos que nada permanece; celebraciones bullangueras pasadas por alcohol pero con significado ‘patrio’; nos enorgullecemos de ser La Casa de la Selección aunque para ello exoneren de impuestos a quienes se echan la plata al bolsillo y convencidos estamos del florecimiento de la ciudad como eslogan sin fondo ni significación distinta a que nuestros árboles florecen; somos la Capital de la Cultura Iberoamericana (¿Cuánto costó?), donde no se respetan las mínimas normas de decencia y convivencia pacífica en un ‘da que te vienen dando’.

Es posible que esté envejeciendo, lo que no sería extraño dado que hace dos años fui declarada miembro de la Tercera Edad, o sea, los que teniendo todo para aportar e impulsar el desarrollo económico, político y social de la ciudad somos desaprovechados, ignorados, desechados. Pero lo cierto es que la plebedad campea por sus laureles a través de la música, la radio, la televisión y se hizo marco lógico de nuestras relaciones con la urbe y con los conciudadanos. Todos rompemos las normas mínimas de civilidad, insultamos como respuesta a la menor contravención de nuestros deseos, ensuciamos el espacio público y destrozamos su amoblamiento y aplaudimos rabiosamente a quienes en sus chistes y comentarios son sexistas, intolerantes, abusivos.

Hemos declarado a Barranquilla el mejor vividero del mundo, que solo significa que es habitable, pero la connotación es que aquí cada uno puede hacer lo que le dé la gana en su beneficio y que si trae billete, se instala y es rodeado amorosamente sin preguntar su procedencia. Nos decimos ciudad, pero en realidad seguimos siendo ‘sitio de libres’ aglutinados por el dinero y el libertinaje.

A raíz de los festejos del #Bicentenario de la ciudad de Barranquilla – 200 años de haber sido erigida en villa – se han escrito cualquier cantidad de artículos;  unos critican la manera como la campaña no era tan explicativa y pareciera que la ciudad apenas cumpliera 200 años negándole algunas gestas dea ños anteriores a esa fecha. Otros ponderando los festejos, aplicando todo lo que el sector oficial lanzaba por cualquier medio sin detenerse a analizar que tanto de verdad, de seriedad y de utilidad tenia el mensaje.

Llego el día y ¡plop! todos de para atrás por la manera como fuimos excluidos de un festejo que era para nosotros, de nosotros, de la ciudad querida y amada.

Y así sin mas explicaciones los dueños de la fiesta se la gozaron con sus amigos; Pedro pueblo recogió su bandera, desmaquillo su rostro y rumiando su incapacidad de poder decirle en la cara a los que el había elegido que la cuestión no era así. Pero aja, ante el temor de ser tildado de revolucionario y apátrida decidió irse a dormir.

Algunos columnistas publicaron sus puntos de vista, otros comunicadores rumiaron el estar fuera de la moña, de la rosca, del convite ese donde pocos fueron llamados. Aquí dejo algunos links si es que los periódicos no deciden borrarlos para que no quede huella del empute de muchos.

Cumpleaños exclusivo y excluyente

Banderas a lo largo de la calle vacía, utileros con camisetas del bicentenario, policías en todas las esquinas y Esmad. ¿Cuándo ha requerido la alegría de la villa un grupo, que no de marimondas sino de golpeadores entrenados, hacen una alegoría de la represión? El Escuadrón Móvil Antidisturbios, tantos policías y vallas contribuyeron a que Érase una vez en La Arenosa fuese un evento exclusivo de grosera discriminación. [+]

La realidad del Bicentenario de Barranquilla

 

Celebración 200 años: un fraude bicentenario

Me cuenta un periodista que en una lluvia de fotos que publica una reconocida revista nacional a través de la web se ven las primeras filas atestadas de foráneos invitados a una fiesta que no era la suya. Si esto fue lo que tenían planeado ¿por qué no celebraron en el patio de la casa de Acosta o de la Alcaldesa? La única explicación, que aún no he escuchado de la consejera --pero que a decir verdad ya no me extrañaría que lo dijera-- es que calme a los barranquilleros prometiéndole que, para el tricentenario, todos podrán estar.[+]