Ante el auge de la masificación de tarjetahabientes - los manes que tienen tarjeta de crédito - se ha entronizado un fenómeno tenaz. Si te dan una de estas tarjetas - por el móvil, por comprar en el súper, etc - estas condenado a que te llamen varias veces al día todos los días de tu existencia ofreciéndote desde enciclopedias sobre la asexualidad de los homópteros hasta un seguro contra accidentes del hogar - no se si la disfunción eréctil entraría acá, habría que preguntar -. Es lo que llaman masificación del portafolio bancario o algo parecido. Pero la cuestión es que ya estoy harto, jarto, harto y emputado. A cada rato ring, ring, ring; hasta las empresas de teléfonos para recordarnos el pago utilizan esta manera intrusiva de avisarnos.
Algunos países están tomando medidas contra esta practica molesta. A las intenciones del Ministerio de Sanidad y Consumo español de limitar el telemarketing y el spam telefónico se suma ahora otro mercado, el norteamericano, el que se propone limitar otra práctica relacionada: la de las llamadas automatizadas o pregrabadas, también conocidas como robocalls.
Ojalá el gobierno colombiano - no se rían - tomara medidas en el asunto y exigiera a las compañías concertar primero con el cliente antes de proceder.






