Étimo de Caribe

02 octubre 2010

Según José J. Arrom la palabra Caribe, combina “dos términos registrados en tupí-guaraní: carai ‘señor’ y be ‘poderoso o fuerte. Lo cual no sólo nos proporciona el probable étimo del gentilicio, sino que vendría a confirmar el sentido del proverbial grito de guerra caribe: Ana carite rote, traducido por ‘Sólo nosotros somos gente’ ”

La idea rondaba hace rato y escribí algo que envié a Nicolás Conteras para conocer su parecer manifestándome que era una buen línea que todos los que nos sentíamos tocados por esa creencia que el ser costeño es ser caribe debíamos desarrollar. Bueno, publiqué el post y recibo a vuelta del correo usado como socializador del blog, este interesante ensayo escrito por Ernesto Bassi Arévalo y publicado por la revista Aguaita, medio impreso del Observatorio del Caribe Colombiano. Espero bajen el articulo en mención o la revista completa en formato o soporte pdf y por acá dejen sus comentarios que el tema es interesantísimo.

La rivalidad entre Cartagena y Santa Fe y la división histórica entre la costa y el interior nos brindan las claves para entender que la identidad de los habitantes del norte de Colombia se deriva directamente de una percepción negativa de lo que significa ser del interior.

Los habitantes del interior (los cachacos), a su vez, se perciben a sí mismos en oposición a lo que, en su opinión, significa ser de la costa. En este sentido, la identidad de los habitantes del Caribe colombiano es una construcción creada en oposición a lo que uno no es (no se es cachaco).6 

Sin embargo, la auto-identificación de los habitantes del norte de Colombia como caribeños es un fenómeno reciente, aún en proceso de consolidación.

LEER MAS: La importancia de ser Caribe: reflexiones en torno a un mal chiste

LEER MAS| Revista AGUAITA No. 21 

Definiendo el entorno I

01 octubre 2010

El área comúnmente denominada el Caribe incluye veintiocho jurisdicciones políticas (algunas independientes, otras no), cuatro lenguas oficiales europeas, probablemente diecisiete lenguas criollas, y poblaciones de origen africano, europeo, indígena, asiático y otras ascendencias mixtas

Tomado de REVISTA AGUAITA 21

Somos Caribe, caribeños?

30 septiembre 2010

Pedí a mi corazón, que me inspira la razón.
  Y el corazón se me lleno de Lucho, Galán y Hernández, 
de cumbia guaracha y salsa picante,
de Matamoros, Escalona y Beny Moré,
de vallenato, de merengue puro de Juan Luis Guerra, 
de Billo Frometa y Rubén Blades.

Y entonces se me rellenó la boca
de puro orgullo y le contesté:
caribe soy, soy, soy, a mucho honor,
y ahí donde dice señas particulares,
ponga caribe soy, caribe soy, soy, soy

Somos Caribe, caribeños? Gozamos y sentimos esa caribeñidad de la que hablan los entendidos? Y no saquemos pecho ahora gritando que somos Caribe porque vivimos a la orilla de ese mar o porque no gusta ese pescado o porque bailamos cumbia o… No. Creo que nosotros estamos muy lejos de ese Caribe que creemos habitar, más cerca están los paisas y vallunos. Creyéndonos que Pacho Galán o Lucho Bermúdez o cualquier otro de esos citados por Cabas se oyen a cada raro en el dial.

Y es algo tangible, cuántos de nosotros sabemos que el rondón es un plato tipico de San Andrés? O de cualquier otra de las islas que pululan en el sector? O que se está produciendo musicalmente en esas islas aparte del baile del perrito? Lo más cercano a saber esto es la muestra que nos trae barranquijazz cada año, del resto vivimos en un ostracismo creyéndonos el ombligo del mundo; que somos los más felices, los más bailadores, los más carnavaleros mientras el Caribe, ese marenostrum se aleja cada día mas anclándose en un Mediterráneo que goza con todo su imaginario.

Vivimos preñados de un anecdotario que nos creemos al pie de la letra. Ni en lo deportivo nos acercamos, el beisbol que manda la parada en el resto del circuito es aquí aprovechado por un puñado de narradores que creen que vivimos pegados al televisor viendo cualquier serie. Hey son 10 gatos na’mas.

Excepciones las hay, personas inquietas las hay pero atrevernos a ir hasta allá y dejar por un momento de lado todos esos estereotipos que nos mantienen atados a una falacia prefabricada, no creo. En los mejores momentos del Festival de Música del Caribe o el de la Luna verde se lograron muchas cosas hoy olvidadas. Oímos el Si Si Colombia, si si Caribe y creemos que es jingle de una campaña política en el mejor de los casos cuando no parte del himno de nuestra selección, pero hasta ahí.

Creer que por oír reggaetón a la lata o rapear ese hip hop mal copiado somos ya personas de mundos desarrollados cantando nuestras miserias; No, ser Caribe es más que eso; es una actitud frente a la vida, a la realidad; es mirar de frente y sin medios un horizonte infinito. A lo mejor creo que necesitamos una caribeñidad mas diciente, mas de integración sin preocuparnos lo que suene en la radio o traigan de moda los mayaminenses.

Gracias... por fin una

24 septiembre 2010

Así titulo @bacteria esta caricatura que consideramos de interés y por ello publicamos.

santos1

La ciudad y el caos

21 septiembre 2010

Así ha llamado el periodista Oscar Collazos esta columna donde recoge sus impresiones acerca del futuro que les depara a las megaurbes. Lean y comenten sus impresiones comparándola con la realia que vivimos en el día a día en nuestra ciudad.

La ciudad y el caos

Óscar Collazos. No me hago muchas ilusiones: los colombianos que vivimos en ciudades con más de un millón de habitantes tendremos que acostumbrarnos a vivir en medio del caos. Las ciudades seguirán engullendo las periferias rurales de antes y cada día cobrará más fuerza lo que Carlos Monsiváis llamó "la demasiada gente".

Como no se pueden frenar las migraciones del campo a la ciudad, estas se convierten en activos sociales del caos. Como no se hacen verdaderos esfuerzos para formalizar el empleo, se acepta como mal menor el sucedáneo de la informalidad. Es más barato para los empleadores, pero más caro para el Estado, que debe vérselas con su impacto. Y para los ciudadanos, que debemos modificar nuestros comportamientos, no en función de la convivencia humana, sino del instinto defensivo de los animales.

El modelo de crecimiento que nos hemos dado emula a las megalópolis existentes: Ciudad de México y Río de Janeiro. Bogotá está "invirtiendo" para tener, dentro de 20 años, 15 millones de habitantes. Los urbanizadores seguirán construyendo para ricos, pobres y estratos intermedios. Son ellos, y no los gobernantes, los que deciden a veces el modelo de crecimiento urbano, proporcional a sus ambiciones.

Los gobernantes hacen, en el mejor de los casos, el papel de administradores del caos. Muchos cogerencian su maquinaria empresarial. Se encuentran con un problema: la cultura ciudadana, que haría posible un mayor grado de convivencia, depende del mayor o menor equilibrio entre necesidad y solución satisfactoria, del equilibrio entre la sanción y la permisividad. "La demasiada gente" implica más soluciones: de transporte, de salud, de vivienda, de seguridad.

La calle es el espacio donde se trabaja, se sobrevive ingeniosamente y se delinque. Esto ha vuelto problemática la relación entre el derecho al espacio público y el derecho al trabajo. Con soluciones razonables y justas, tal vez se consiga que el derecho al trabajo no impida el ejercicio del otro derecho, aunque aquí sigan medrando los políticos inescrupulosos y los litigadores contra el Estado. Si no hay caos, no habrá votos ni honorarios.

En lugar de rebajar la desproporción entre "la demasiada gente" y el espacio en que se desenvuelve, abrimos más la brecha entre el pequeño espacio privado habitable y el inmenso espacio público que "la demasiada gente" vuelve inhabitable. Lo habitable es cada día más caro y vive amenazado por el desplazamiento invasivo de lo inhabitable.

Las ciudades, que deberían haber llegado hace rato a sus límites, resulta que lo alargan: hacia la sabana y el valle, hacia los cerros y sus faldas, antes arboladas; hacia las periferias rurales; a lo largo, a lo ancho y a lo alto. Hace 40 años eran horizontales; ahora son verticales. Simbólicamente, nuestras ciudades no se acuestan; viven levantadas.

En Cartagena, por ejemplo, ya no se habla de Manga sino de Mangattan. La Boquilla será nostalgia por un antiguo corregimiento de pescadores, hoy asiento de grandes torres turísticas construidas en el frente de playa. El centro amurallado será hotel boutique y casona fantasmal. Se rellenan cuerpos de agua y no se mejoran las condiciones de los tugurios; se expulsa a sus habitantes hacia las periferias para que quede terreno urbanizable. Mientras, el caos de "la demasiada gente" empuja hacia el centro.

Nuestra vida urbana puede humanizar el modelo, que es usurero. Pero como no puede y al parecer no quiere detener el avance de la "barbarie" (de la pobreza y su caos), se aleja y se amuralla para protegerse. El déficit de vigilancia pública sigue dando origen al exceso de vigilancia privada. En lo local y en lo nacional, no se reducen o eliminan las causas del "caos"; nos defendemos de sus efectos. salypicante@gmail.com

Delincuencia y violencia

Creo que una cosa es la inseguridad y otra la descomposición social que se manifiesta en delincuencia y violencia.. ¡el problema se creció!Wed Sep 01 17:46:36 via web


LEER MAS: La Comuna 13, lecciones que nadie quiere aprender