Fabian Altahona, el que sabe

19 agosto 2013

Muy a pesar de la estigmatización que desde siempre ha seguido a los Picós como generadores de comportamientos antisociales, hay q reconocer que hacen parte de nuestra cultura popular. Hacen parte de un universo musical que va más allá de nuestras fronteras invadiendo todo el caribe. Los Sounds Systems o Picós son esa nueva religión donde los altares generan cualquier cantidad de sensaciones dancísticas, de goce, de disfrute identificando desde hace tiempo a nuestras barriadas con un sentir diferente de sones.

verbena
Al principio nacieron como parte de lugares de lenocinio, de bares y cantinas, luego salieron a las calles y se apropiaron de bailes, verbenas, de casetas, de estaderos donde generaron una cultura muy particular. Y aunque solo sonaban música que hoy conocemos como salsa poco a poco cambiaron los gustos de muchas generaciones e impusieron la denominada música africana con spin locales como la terapia, la champeta y otros.

sonideros (1)Todo esto para presentar a un joven que desde hace mucho tiempo hace parte de esta cultura, Fabian Altahona, quien se la ha gozado, digerido, definido, teorizado y que muy a pesar de la desidia de los entes oficiales por estos temas populares, sobretodo en este año donde la ciudad crisol de sus investigaciones se le denomino como Capital Cultural de la Cultura Americana, fue invitado a la Ciudad de México DF a un evento denominado EP SONIDERO – Proyecto Sonidero donde expuso sus investigaciones sobre Los Picós – Sound Systems y la Música Colombiana. La exposición se realizó el día el 16 de Julio de este año 2013 y fue muy promocionada su presencia.

Tengo una pequeña Colección de grabaciones de Casetes de picós de los años 80s y 90s.

Tuve la fortuna de presenciar todo tipo de música desde niño, generalmente instalaban la tornamesa del Dj o Picotero en la sala de mi casa o en la terraza y desde niño me gustaba ver los vinilos y las caratulas de los discos pero sobre todo la pasión por la música y el arte gráfico, las imágenes, las pinturas.

Esto me llevó a tratar de escribir o mostrar esta experiencia al mundo, mostrar esta Cultura de nuestros sonidos y el Arte que también los representa (Cada Picó tiene su arte o imagen que los representa)

Me dí la tarea de crear un sitio donde tratara de mostrarlo y creé un Blog llamado AFRICOLOMBIA que representa 2 encuentros África y Colombia, esto por la música Africana que sonaros Los Picós y Afrocolombiana, musca Colombiana con influencia Africana, LA CUMBIA además de diferentes ritmos tropicales, La Salsa, La Gaita, El Porro, El Vallenato todos estos ritmos especialmente de los años 70s

A Partir de la creación de mi Blog muchas personas alrededor del mundo se han interesado en todo este movimiento y me han escrito y visitado de todas partes, Productores independientes, escritores para Revistas Colombiana y también Revistas Internacionales, para muchos he sido un guía turístico y los he acompañado a conocer, descubrir y mostrarles

Alguna de sus colaboraciones y trabajos:

Diciembre – 2.009 Yannis Ruel - Periodista / (París, Francia) - periodista free-lance para revistas de música (Vibrations, Mondomix y Worldsound) llego a visitarme para una   asesoría cultural, investigaciones de la música Colombiana y Los Picós Colombianos

Investigación sobre La Música Colombiana y la Influencia Africana en ella – Revistas Mondomix & World Sound de Europa

Aix sources de la Champeta

Carta entre Colombie et Afrique

Agosto – 2010, Chief Boima Tucker Dj y productor de (Sierra Leona residente en USA), llego para una investigación sobre la diáspora Africana en Colombia, y a realizar algunas entrevistas a Cantantes de Champeta, a conocer Los Picós Colombianos, la música, conocer un poco de ritmos Afro-Colombianos – auxiliar en sus investigaciones - guía turístico.

http://ghettobassquake.com/africas-lost-city

Diciembre – 2010 Nicolas Vallejo, Editor de la Revista SHOCK, Bogotá, Colombia, Asesoría Cultural Sobre Los Picós Colombianos, la música y todo lo relacionado al mundo picoteril   

Guía Shock de la Champeta y el Picó

Enero – 2012 Mirjam Wirz(Suiza) Auxiliar en sus investigaciones - guía turístico, sobre investigaciones de Los Picós y Picoteros para su libro de LOS SONIDEROS CITY

LOS PICOS: Reportage about Picos / Champeta Sound Systems, and the picotero/DJ culture in the Caribbean town of Barranquilla, Colombia 2012

Recibí una Invitación  de Parte de un Proyecto en México denominado EP SONIDERO – Proyecto Sonidero En esta Invitación hizo Parte  El Centro Cultural de España en México fui seleccionado por Colombia para una exposición sobre Los Picós – Sound Systems y la Música Colombiana y algo sobre el Carnaval de Barranquilla, la exposición se realizó el día el 16 de Julio de este año 2013.

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Este es tu Mar, Barranquilla

06 julio 2013

Hablan de un mar por donde llegaron hombres de otras latitudes, que trajeron la mirra, el oro y el incienso del progreso. Y nos lo creemos a sabiendas que no fue ni aquí, ni por aquí. Hablan de un Rio que fue navegado y con el que nos colonizaron pueblos con leyendas, historias,  danzas y cocinas, y nos las apropiamos. Rio y Mar.

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Este es tu mar. Esa franja que se hizo famosa en los 70 y que se conoce como Puerto Mocho, ese es el mar tan cacareado en el POT

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Esa es nuestra ciudad, esa por la que muchos se rasgan las vestiduras sin saber por donde va Pabla. Esa ciudad que dizque florece y que nos trama con esto

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Pero que al rato saca la ‘mona’ y la pica y derrumba de una todo con lo que vende la ciudad. Centro Histórico? Pffff.

*Las capturas de imágenes se tomaron del periódico El Heraldo, no se colocan links pues ese medio los borra.

cesarHAsí lo llamo su amigo, Tico Salsa (Humberto Andrade) desde siempre. Y eso fue Cesar, el mas grande. Nadie puso en duda su magnifica memoria pa recordar caratulas de LP, textos. años, agrupaciones, mejores versiones del goce salsero. Su seguridad para imponer éxitos desde siempre, desde cuando con su hermano Dagoberto comandaban el gusto musical de los Barranquilleros desde las tornamesas de su picó, El Coreano hace parte de las leyendas del Caribe.

Lo conocí como a los 15 años detrás de la barra de su estadero y allí nació una amistad de años. Compartimos muchas veces una cerveza, una inquietud musical, un compartir saberes que afianzamos por años en el Taboga. Ese templo donde en muchas tardes era mal visto hasta bailar salsa para no perdernos de las cátedras dictadas por él.

Gano todos los duelos, impuso hasta hace poco muchos éxitos, le dolía cuando en el trasegar del Taboga, que termino aparcado en una esquina de la 21 le pedían discos de Marc Anthony o cualquier aparecido sin charreteras, ídolos de la juventud de hoy.

Soñó con tener un gran estadero para hacer sonar solo sus discos, los que sabia que hacían parte de esa banda musical de esta ciudad que vivió y gozo como pocos. Lo visite el domingo para darle el ultimo adiós y por mas colores con que vestí mi alma la tristeza aguo mi mirada. Paz en tu tumba men.

Comparto con ustedes lo publicado por el periódico Al día,
una crónica escrita por Roberto Llanos Rodado
y fotos de Johnny Olivares y Alfredo Martínez.

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Que nadie grite, que nadie llore de sentimiento,
si aquel amigo solo se ha ido al descanso eterno...

Cuando a las 9 de la mañana de ayer los amigos de Cesar Hernández comenzaban a aglomerarse en las afueras de la funeraria San José para darle el ultimo adiós, el lugar recordaba aquellos gentíos de salseros que en la década de los 70 se congregaban en Historia de Amor, Borinqueños, Boinas Rojas, algunas de esas celebres verbenas en las que Cesar puso a bailar a miles de barranquilleros al mando de las tornamesas de El Coreano, el legendario pico de su padre, el fallecido Conce Hernández.

Y daba esa imagen porque la mayoría de los alii reunidos hicieron parte de esa etapa maravillosa de la música y la fies­ta en Barranquilla: Osman Torregrosa, Luis Altamiranda, Lucho Meza, Chicho Pijuan, 'Pastrana', Orlando Chavarro, pa­ra mencionar a unos cuantos. Pero hora y media después, cuando el féretro con 'el mas grande' -como lo llamaban por su inmenso conocimiento sobre la salsa, la música caribeña y africana, salía hacia su destino final en el cementerio Calancala; el sitio se convirtió no solo en una verbena, sino en un nutrido estadero a golpe de salsa y ritmos africanos, en el que muchos se lanzaron a bailar como si estuvieran en una fiesta y no en funeral.

La música corrió por cuenta del pico El Coreano, bajo sus nuevos propietarios y por gestión de Orlando Becerra, El Boina, gran amigo de Cesar que de esta manera quería rendirle un tributo musical de ultimo momento a "su llave del alma".

clip_image002[6]Michi Boogaloo en plena danza salsera durante el recorrido al cementerio Calancala con el féretro de Cesar Hernández.

El cortejo fúnebre partió a las 10:30 de la mañana, sobraba gente para cargar el féretro. Muchos entraban y salían echándose sobre sus hombros el ataúd que a veces alzaban y mecían en armonía con la salsa que iba sonando. Se batieron pañuelos blancos y una salva de aplausos acompaño su salida.

¿Por que lo lloran caramba? ¿Por que lo lloran?/
Si ese hermanito ya esta en la gloria...


En el trayecto al cementerio hubo varios momentos en la que la misma gente paro el desfile luctuoso, y de nuevo, como en una verbena o un estadero, se fajaron a tirar pases, recordando tantos instantes en los que Cesar Hernández los puso a gozar con su sabiduría musical.

Miren donde va / volando se ha ido
aquel viejo amigo/ a la virgen va a adorar...

La Cuna blanca, el tema de Raphy Leavitt que se ha convertido en el himno de despedida de los salseros que mueren, sonó muchas veces camino al camposanto. Al igual que Margie, de Ray Barreto; Cacada (La Casa), de Chico Buarque, No me lloren mas, Señora Lola, de Héctor Lavoe, Nina y señora, de Eddie Palmieri. Estos últimos son temas que Cesar Hernández descubrió y elevo a la categoría de éxitos desde la discoteca de El Taboga, su otro hogar musical.

clip_image002[8]El pico El Coreano, con una cinta morada en serial de duelo,
puso a sonar la música durante el funeral del 'mas grande'.

Humberto Andrade Mariano, el popular Tico Salsa, tomo el micrófono del picó y expresó que este era un momento doloroso. "Fueron 20 años trabajando a su lado, no solo era mi amigo, sino mi consejero. La salsa pierde mucho con su partida". Orlando Becerra fue otro que intervino y exhorto a los asistentes a convertir el sepelio en una rumba. "Vamos a bailar, porque el nos ponía a bailar a todos. Cesar no se va, esta vivo, porque aquí queda su música".

El sepelio de Cesar Hernández llevo tanta asistencia que paraliz6 el trafico por donde pasaba, y en los barrios la gente se asomaba por puertas y ventanas a observar aquel desfile singular.

Ahora mis ojos lloran / se entristece mi canción...

Y así con baile, música, e irónicamente mucha alegría, se despidió al grande de la música, Cesar Hernández Ramírez. A la una de la tarde entro el féretro al cementerio, y a la 1:15 sellaban su tumba, la numero DB-9-469 del Calancala. Fue una despedida con música, es que no podía ser de otra manera, iviejo Cesar!

La Paz entre la 34 y la 33

15 junio 2013

Sin palabras queda uno al ver nuestra urbe, ciudad de oportunistas, vividero de muchos, tiempos ha. Pillen los detalles como el del tranvía y el poste con su farol en un rincón del llamado Paseo Colón. Bajando hacia pica-pica vemos parte de la plaza de la iglesia San Nicolás con sus jardines bien cuidados y los pasajes con sus arcos - la moda del momento -. Foto tomada de aquí.

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Esta, mi ciudad

14 junio 2013


¿Esta es la ciudad que nos trajo el PROGRESO? Esta?, llena de percepciones de inseguridad, de muertos en el día a día? Pintada de miedos aunque saquemos pecho y nos creamos los más valientes.

Esta, la ciudad que comparan con Estocolmo, La Habana, Sao Paulo para minimizar sus problemas? Donde la infantilidad se pierde dejando que nuestros hijos se disfracen de adultos, envalentonados con porros armados y manos terminadas en acero, demarquen espacios de miedo donde la valentía se derrite

Esta es esa ciudad? Dime tu, que vitrineas en esa Barranquilla centrocomercializada defendida a capa y espada por áulicos y asesores; esos que habitan en acuarios climatizados y nos dirigen desde un escritorio inteligente, ellos no.

Esta, mi ciudad es la que duele, esta que construimos en el día a día y de la que muchas veces no encontramos pedazos por la pica de los ‘constructores’ que nos han dejado sin referencia ni mojones el imaginario. Esa dizque alegre, la que se enmaicena y disfraza para disfrazar sus miedos.

Una ciudad dejada a la buena de Dios; sin dolientes, sin defensores; viviendo una mentira que nos dejara un PROGRESO a la medida de nuestros dirigentes.

BAQ a un clic - Callejon al mercado

10 junio 2013

Encontré esta foto del casco antiguo de la ciudad de Barranquilla y me llamo poderosamente la atención que aparezca en su borde inferior la figura de un cañón, pues tenia entendido que en el Paseo Bolívar el famoso e icono de generaciones, el Cañón Verde, había dado vueltas en la misma esquina de la carrera 41; unas veces en el frente de la llamada Casa Vargas y otra en la acera de la misma esquina del lado del Paseo Bolívar donde una replica le hace memoria.

callejon-del-mercado2

Por lo visto esta imagen corresponde al callejón de la 42 que nace en el mismo Paseo Bolívar y se adentra al mismo mercado. Nótese la curva donde aparecen hoy algunas mansiones embambadas como si las hubieran restaurado - la sola pintura no es restauración - pero al mismo tiempo llaman la atención los arcos que nos llevarían a la casa Lacorazza como podemos observar en la imagen siguiente.

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Recordemos que frente a la misma iglesia las edificaciones de allí también tenían grandes arcos cual galerías en sus frentes. Y no creo que la imagen haya sido invertida pues la curva señalada no correspondería a la de la carrera 41.

La leyenda Bateman

01 mayo 2013

Como dice un contertulio sobre abril, mes de muerte, vida y resurrección para muchos revolucionarios y revoluciones. Así que compartimos, un poco tarde, esta crónica tomada del periódico El Espectador escrita por Érick Camargo Duncan sobre la muerte del máximo líder del M-19, Jaime Bateman Cayón

Treinta años después de su muerte
La leyenda Bateman

En su lenguaje caribeño, el creador y máximo líder del M-19, Jaime Bateman Cayón, definió el diálogo por la paz como el sancocho nacional. No pudo verlo, pero sus ideales siguen vigentes.

Por: Érick Camargo Duncan / Especial para El Espectador

Jaime Bateman Cayón junto al periodista Juan Guillermo Ríos./ Semana Jaime Bateman Cayón junto al periodista Juan Guillermo Ríos./ Semana

El 28 de abril de 1983, Jaime Bateman Cayón, en ese momento máximo líder del M-19, abordó la avioneta de su mal destino. Hoy, 30 años después de ese fatídico viaje que impuso su ausencia, sigue siendo un personaje devorado por la leyenda. Por años fue el hombre más buscado del país y nunca pudieron capturarlo. Su historia constituye un legado con una carga adicional de misticismo y de valor.

Nacido el 23 de abril de 1940, bajo la brisa fresca de las dos de la madrugada en Santa Marta, el grito inaugural de su vida fue tan fuerte que su madre Clementina lo exaltó siempre como su primer gesto de rebeldía. La marca de un revolucionario caribeño que nunca fue un marxista dogmático, es más, que nunca creyó en los dogmas, porque siempre confió en el poder del corazón.

Vivió con la certidumbre de que nunca iban a capturarlo por la cadena de afectos que rodearon su ser. El talismán de su madre y sus hermanos, la solidaridad de sus amigos, los amores que lo inmortalizaron. Varias veces lo dieron por muerto en combate y hasta llegaron a la casa de su madre a dar la noticia. Ella, con su sabiduría enigmática, siempre replicó: “No le ha pasado nada. Se equivocaron de muerto”.

A los ocho años, cuando regresaba del colegio, lo atropelló una camioneta. Fractura abierta en la tibia de la pierna derecha fue el diagnóstico. Por un errado procedimiento médico casi la pierde. Esa herida, que le costó apremios en el monte o tratamientos eternos en la Unión Soviética, llegó a ser un rasgo inequívoco de su identidad, pero caló profundo en su carácter porque debido a ella leyó más que nunca.

Los discursos de Gaitán, su intervención en el Congreso para recriminar a la Nación y al Ejército por la masacre del 6 de diciembre de 1928 en la zona bananera, su voz que fue la del pueblo y fue silenciada el triste 9 de abril de 1948. El personaje central mientras curaba su herida, que siempre fue la señal para cualquier militar, que ante la más leve sospecha intentó descubrirlo por su cicatriz legendaria.

Como la mayoría de jóvenes de su época en Santa Marta, pasó por el Liceo Celedón, pero lo echaron. Por los mítines en los que empezó a participar y por haber corrido a un profesor en calzoncillos que le había puesto cero en un examen por hacer copia. Radicado en Bogotá, pronto encontró el lugar de su destino: la Juventud Comunista.

Su ascenso fue tan rápido que Manuel Cepeda, entonces directivo del Partido Comunista, constató que era el hombre adecuado para acompañar al cura Camilo Torres. Alguna vez lo hizo al popular sector de San Victorino y en medio del alboroto sucedió algo inesperado. Camilo Torres terminó encerrado en un local y él dándose trompadas con los policías. Algunos días de convalecencia y de nuevo al agite.

Fue comunista a secas y guerrillero de las Farc, pero siempre creyó que el marxismo sólo tenía vigencia si se adecuaba a la cultura colombiana, y mucho más a la caribeña. Por eso fue irreverente y, por ejemplo, a la hora de cambiar de rumbo, ideó publicar avisos en la prensa que confundieron la aparición del M-19 con un vermífugo de moda. Orlando Fals Borda, padre de la sociología en Colombia, lo dijo: Bateman humanizó la guerra. Sólo fue comparable a los generales costeños del siglo XIX que llegaban borrachos a los combates y perdonaban a sus prisioneros.

Todo el que lo conoció se sorprendió por su carácter. Fidel Castro, que se preciaba de conocerlos a todos, llegó a decir que pocos líderes revolucionarios lo habían impactado tanto como Bateman. En alguna ocasión hablaron toda una tarde mientras nadaban como viejos amigos en Playa Girón. El presidente de Panamá, Omar Torrijos, lo escuchó parlar una noche entera y salió diciendo que Colombia tenía una oportunidad excepcional con Jaime Bateman.

En las reuniones más insólitas aparecía como un fantasma. Un día Gabriel García Márquez andaba por Bogotá buscando hacer una crónica sobre la última semana del cura Camilo Torres antes de partir a la selva y terminó con Bateman. “Yo a ti te conozco, tú estabas en la casa de Teodoro Petkoff en Caracas una vez”, le expresó el escritor. Bateman lo negó por seguridad, pero luego comentó en privado: “¡Que memoria la de este tipo! De esa reunión no podía saber nadie”.

Ya desde entonces, cargando el fardo de excomunista y exguerrillero, comenzó a obsesionarse con los diálogos de paz, a los que en su visión caribeña denominó el “sancocho nacional”. Es decir, sentarse a la misma mesa con Turbay, con Galán, con García Márquez, y entre todos discutir los problemas de fondo del país más desigual de América Latina. Un sancocho que nunca concretó, pero cuya esencia se vio en la Constituyente de 1991.

Un sueño frustrado que en palabras del escritor Alfredo Molano en 2010, a propósito de la conmemoración de los 30 años de la toma a la Embajada de República Dominicana en 1980, significó demasiado. “De haberse concretado aquel idílico sancocho, se habría evitado la tragedia del Palacio de Justicia, el exterminio de la Unión Patriótica, 25.000 desaparecidos, cementerios secretos, falsos positivos, motosierras, toda la sangre y las mentiras que han estremecido al país.

El 23 de abril de 1983, Jaime Bateman cumplió 43 años. Cuatro días después abordó la avioneta de su mal destino. Supuestamente el presidente Belisario Betancur iba a reunirse con él para dialogar sobre la paz. Ni las premoniciones de sus amigos, ni su interés repentino por reencontrarse con sus afectos y sus amores, ni el mal clima reinante, nadie logró persuadirlo de no embarcarse.

La avioneta monomotor Piper iba pilotada por el excongresista Antonio Escobar, samario y amigo de la familia Bateman. Despegó a las 7:45 de la mañana del aeropuerto Simón Bolívar de Santa Marta. Su destino final era el aeropuerto civil de Paitilla, en Panamá. Lo acompañaban Nelly Vivas y Conrado Marín. Ella, bióloga de profesión y caleña de origen. Él, campesino del Caquetá, amnistiado por Betancur y de nuevo en las filas de la guerrilla.

“Estoy ascendiendo a 9.000 porque tengo un tiempo un poco malo abajo, logro ver algunos huecos, pero si tú me localizas por el radar me podrías indicar qué ruta o qué rumbo coger para tu estación o Paitilla. Te informo que no tengo Transponder”, informó el piloto. Desde ese anuncio se configuró el desastre. No fueron detectados con prontitud en el radar del controlador y no se pudo sugerir una ruta. Solo seguir ascendiendo. Luego la señal se interrumpió para siempre.

Las labores de búsqueda de la avioneta fueron incesantes. La Aeronáutica Civil de Panamá exploró el área durante ocho días. El piloto personal de Torrijos participó en la operación. La familia de Antonio Escobar destinó recursos para insistir en la búsqueda, el M-19 envió patrullas a la zona y transitó por la selva durante 70 días. Todos confiaban en la inmortalidad de Jaime Bateman. Hasta los indígenas kunas decidieron sumarse a la desesperada empresa.

Después de tres meses de minuciosa búsqueda sin resultados convincentes, el M-19 emitió un comunicado público en el que aceptó la desaparición de su máximo líder. Lo hizo para reivindicar la vigencia de su lucha y para cortarles el vuelo a las especulaciones que decían o que había muerto en el Caquetá o que se había fugado con los fondos del movimiento para irse a vivir como un rey a Europa.

Nueve meses después del fatídico viaje, finalmente los indígenas kunas reportaron el hallazgo de la avioneta. El rescate de los restos y de los objetos que quedaron terminó de despejar dudas. Encontraron un casete con las canciones de Celina y Reutilio que le encantaban a Bateman, una máquina de escribir, sus zapatos torcidos con las plantillas de siempre y un ejemplar con hojas desperdigadas del libro que siempre mandó a leer a sus amigos: Cien años de soledad.

La prueba definitiva la aportó el informe del forense con el registro de su herida eterna marcada en el hueso de su pierna derecha. En tres cajas metálicas forradas en terciopelo rojo fueron llevados a Santa Marta los restos de Nelly Vivas, Conrado Marín y Bateman. El 21 de febrero de 1984 los recibió Clementina en el aeropuerto. Lo que pasó después aún se recuerda. Un entierro sin precedentes donde los acordeoneros pobres entonaron una y otra vez el vallenato “La ley del embudo”, que Bateman patentó como himno del M-19.

Después de 30 años, la leyenda Jaime Bateman sigue intacta, cabalgando en la historia con el mismo desparpajo de quien la encarnó en la guerra cuando fue necesaria y en la lucha por la paz cuando se hizo obligatoria. El sancocho nacional al que no pudo asistir, pero que quedó impreso en la historia que hoy reseña como una buena parte de sus compañeros de lucha pudieron concretar el sueño de la paz, y sellarla con la firma de una constitución incluyente en la que quedó su legado.