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Hay vainas que no entiendo

28 de noviembre de 2013

Este año, recuerdo haber escuchado que la alcaldía de Cartagena decidió que los llamados bailes populares, los gozones del 2013 se podían realizar pero sin música, sin licor, sin baile (bueno, obvio al no haber música) y nadie dijo nada o por acá no se supo. El uso del picó estaba prohibido.

Y aquí, en este terruño, ciudad – paraíso, los jóvenes tiran línea acerca de estos #soundsSystems, esas moles de sonido y goce denominadas picó (etimología de hoy pues en sus inicios recuerdo que muchos escribíamos pick up y siempre me recordaba un disco de B. B. King, pick up the pieces) con orgullo pero la realidad es otra.

Mikey Dread y Ras KaylebHoy esos escaparates están censurados. No les permiten salir a decibelear la rumba, la alegría pues son asociados a las riñas, peleas entre pandilleros (que no jóvenes en proceso de cualquier vaina políticamente correcta), deterioro del proceso auditivo en vecinos a los lugares donde sonaban, en fin, muchas de esas vainas con que los asesores, nuevos ejecutivos y demás traman a todos con el fin de paniquearnos la realia. Antes no era así.

Y por ello el picó con toda su carga emotiva, de goce, de alegría y recuerdos llega al museo. No a la calle o arena de verbenas, léase bien, al museo. Allí los jóvenes de hoy no confundirán los long play con discos laser, ni los 45 con cedes. Verán los telones, pinturas de guerra con que estos tótems se identificaban y se hacían querer. Conocerán a sus pinchadiscos, sus picoteros mutados hoy en DJs. Tendrán en sus manos vinilos y recrearan esas leyendas contadas por sus mayores cuando en la ciudad sonaban en un fin de semana más de 50 picos y no pasaba nada.

Pareciera que ese es el destino de lo popular, de la historia de la ciudad, de sus cicatrices, de sus tatuajes, de sus heridas y arrugas de felicidad, terminar en charlas de eruditos, de sabiondos que tropiezan historias “y seria chevre escribir sobre ellas” o pa’no ir hasta’lla traer eso acá, así nunca se hayan parao en una esquina ni saben que estas, las esquinas, no son iguales en toos los laos. Esos sabedores de ciudad que terminan siendo protagonistas de historias referidas por otros porque aja son los que hoy nos cambian la ciudad a la medida de sus escritorios.

picó el rojo
Ya están los picós debidamente inventariados, audiovisualizados y ordenados alfabéticamente, el carnaval también vivió ese proceso, es más tiene su demo en la llamada Casa del Carnaval. Que sigue ahora? Ah, la historia del futbol y la embambada del Estadio Moderno que terminará como la piscina con zopotocientos mil millones de pesos invertidos y la cancha quedara sin medidas reglamentarias, con redes de volibol en vez de arcos o marcos o el arroyo de Rebolo terminara llevándoselo. Si marica, con los ingenieros de aquí cualquiera vaina es posible. Sinceramente mi ciudad ya no va jugando

Imágenes tomadas de los sitios:
Picó la maquina musical del Caribe
Las24 horas – Picoterismo para dummies 

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