Leo en los comentarios que hubo muchos desmanes al margen de la fiesta. La famosa lata a la cara del cantante Checo Acosta, los atracos en el palco Chivas Reagal, peleas en los palcos por el sobre cupo, utilización de cualquier tipo de arma para dirimir estas trifulcas –en el palco VIVE COLOMBIA muchos fueron amenazados con arma de fuego- . ¿Donde dejamos el espíritu festivo?
Leo en los comentarios que hubo muchos desmanes al margen de la fiesta. La famosa lata a la cara del cantante Checo Acosta, los atracos en el palco Chivas Reagal, peleas en los palcos por el sobre cupo, utilización de cualquier tipo de arma para dirimir estas trifulcas –en el palco VIVE COLOMBIA muchos fueron amenazados con arma de fuego- . ¿Donde dejamos el espíritu festivo?
Bueno después de tanta reflexión de parte nuestra –yo y ustedes– y de irreflexión de los otros acerca de nuestros Carnavales y el papayazo que dimos este año –ya vendrán las restregadas en cara de tanto 'invitado' por lo mal que quedo la fiesta– he decidido buscar urgente un lector de letanías para salir nuevamente al ruedo con LOS CHISMOSOS DEL BARRIO CHIQUINQUIRA. Ya basta de ser público.
Ahora, de no ser así, desde ya se que iré a gozarme la Batalla de Flores de la 44 como también el Homenaje a Carlos Franco, en el sur; Y conmino a todos aquellos grupos, que aun persisten en ser los últimos en esa batalla de flores oficial, que desde ya se vuelquen a la 44 donde seguro serán cabeza de león.
Como verán este año descubrí nuevos escenarios, menos promocionados pero no por ello con menor calidad. Al contrario. Hoy se que desde cualquier lugar se ve mejor el carnaval que desde un palco; gheto VIP donde creemos gozarnos la fiesta cual cajita feliz: una papayera, la espuma, la camisa florea, la cava y el creernos mas importantes aun que los mismos danzantes y figurantes de la fiesta misma.
Bueno después de tanta reflexión de parte nuestra –yo y ustedes– y de irreflexión de los otros acerca de nuestros Carnavales y el papayazo que dimos este año –ya vendrán las restregadas en cara de tanto 'invitado' por lo mal que quedo la fiesta– he decidido buscar urgente un lector de letanías para salir nuevamente al ruedo con LOS CHISMOSOS DEL BARRIO CHIQUINQUIRA. Ya basta de ser público.
Ahora, de no ser así, desde ya se que iré a gozarme la Batalla de Flores de la 44 como también el Homenaje a Carlos Franco, en el sur; Y conmino a todos aquellos grupos, que aun persisten en ser los últimos en esa batalla de flores oficial, que desde ya se vuelquen a la 44 donde seguro serán cabeza de león.
Como verán este año descubrí nuevos escenarios, menos promocionados pero no por ello con menor calidad. Al contrario. Hoy se que desde cualquier lugar se ve mejor el carnaval que desde un palco; gheto VIP donde creemos gozarnos la fiesta cual cajita feliz: una papayera, la espuma, la camisa florea, la cava y el creernos mas importantes aun que los mismos danzantes y figurantes de la fiesta misma.
Una cosa son los baches generados por, léase bien, el lucimiento de las comparsas, danzas y disfraces y otro muy diferente el generado por la desorganización, desgaste de los encargados o armados con el fácil estribillo de que la fuerza publica fue insuficiente para controlar al publico.
Por mas fuerza publica involucremos en nuestra fiesta no se evitara la impaciencia del publico del bordillo, del que esta desde las 08:00 am a pleno sol gozando, de los niños fastidiados por el desespero, por la demora en iniciarse los desfiles, por los baches porque la carroza se espicho, le falto gasolina o simplemente no estaba terminada, por la no presencia de algún personaje que demoro su llegada al palco o simplemente por esa siesta bucólica a la que nos han acostumbrados quienes se nutren de este ágape de auxilios y prebendas en nuestro vívidero, el mejor del mundo dicen.
Seguimos buscando explicaciones a las consecuencias y no lo intentamos desde las causas.
Es cierto que a la organización de los actos, desfiles y movidas oficiales de nuestro Carnaval le falta todavía mucho para ser un reloj sincronizado, entre otras cosas porque las personas que trabajan en ello no son empleados de tiempo completo durante todo el año sino una fuerza laboral de tiempo parcial que en tres o cuatro meses logra hacer y montar espectáculos, concursos, desfiles y mil asuntitos más como expedir miles de credenciales, por ejemplo. Y no voy a contar anécdotas espantosas que siempre protagoniza algún empleado público o concejal presionando de manera inelegante la obtención de cientos de credenciales para que sus electores o los de su patroncito se ubiquen en sitios privilegiados.
Este equipo de aguerridos y pacientes trabajadores donde la mayoría femenina es notoria a su vez entrena a las huestes de ‘grupos de apoyo’: cientos de jóvenes que por una vez se vinculan y tienen que lidiar, en mitad de la calle, con el público, los uniformados y los danzantes. Y no logran evitar que se hagan baches, y siempre los habrá porque cada danza, cumbia y comparsa que participa en un desfile quiere, por sobre todas las cosas, lucirse y bailarle a cada palco y luego en cada cuadra.
Así de sencillo: los carnavaleros no nos disfrazamos y ensayamos una coreografía para salir a caminar en fila india o haciendo alguna culebrita: no, lo hacemos para agradar al público mientras nos divertimos y para que quede contento se le tiene que bailar. No hay otra forma. De manera que los baches seguirán y hay que tomarlos con frescura como beneficio de inventario porque de otra forma asistirían a un frío desfile agringado, como el famoso ‘Rose Parade’ en California donde todo transcurre sin baches pero es desangelado en su tesitura.
Acá la guachafita impide esa perfección: y Dios nos libre de perderla, porque entonces sí que habrá desaparecido la esencia misma del Carnaval, ya bastante apagada con la ausencia de bailes de vecindario, gente disfrazada, comedias y letanías visitando las casas o las muñequeras proverbiales cuando se encontraban dos danzas ‘enemigas’. Y es entonces cuando me pregunto ¿Ajá, niña, y la seguridad democrática que tanto embelesa a los desmemoriados reeleccionista, para qué carajo sirve, si no se puede cerrar una calle por mandato del dios Momo y montar uno su propia fiesta? Piénsenlo porque las elecciones de marzo están encima y hay que llevar al Congreso a la oposición: del color que sea.
Via: EL HERALDO
Una cosa son los baches generados por, léase bien, el lucimiento de las comparsas, danzas y disfraces y otro muy diferente el generado por la desorganización, desgaste de los encargados o armados con el fácil estribillo de que la fuerza publica fue insuficiente para controlar al publico.
Por mas fuerza publica involucremos en nuestra fiesta no se evitara la impaciencia del publico del bordillo, del que esta desde las 08:00 am a pleno sol gozando, de los niños fastidiados por el desespero, por la demora en iniciarse los desfiles, por los baches porque la carroza se espicho, le falto gasolina o simplemente no estaba terminada, por la no presencia de algún personaje que demoro su llegada al palco o simplemente por esa siesta bucólica a la que nos han acostumbrados quienes se nutren de este ágape de auxilios y prebendas en nuestro vívidero, el mejor del mundo dicen.
Seguimos buscando explicaciones a las consecuencias y no lo intentamos desde las causas.
Es cierto que a la organización de los actos, desfiles y movidas oficiales de nuestro Carnaval le falta todavía mucho para ser un reloj sincronizado, entre otras cosas porque las personas que trabajan en ello no son empleados de tiempo completo durante todo el año sino una fuerza laboral de tiempo parcial que en tres o cuatro meses logra hacer y montar espectáculos, concursos, desfiles y mil asuntitos más como expedir miles de credenciales, por ejemplo. Y no voy a contar anécdotas espantosas que siempre protagoniza algún empleado público o concejal presionando de manera inelegante la obtención de cientos de credenciales para que sus electores o los de su patroncito se ubiquen en sitios privilegiados.
Este equipo de aguerridos y pacientes trabajadores donde la mayoría femenina es notoria a su vez entrena a las huestes de ‘grupos de apoyo’: cientos de jóvenes que por una vez se vinculan y tienen que lidiar, en mitad de la calle, con el público, los uniformados y los danzantes. Y no logran evitar que se hagan baches, y siempre los habrá porque cada danza, cumbia y comparsa que participa en un desfile quiere, por sobre todas las cosas, lucirse y bailarle a cada palco y luego en cada cuadra.
Así de sencillo: los carnavaleros no nos disfrazamos y ensayamos una coreografía para salir a caminar en fila india o haciendo alguna culebrita: no, lo hacemos para agradar al público mientras nos divertimos y para que quede contento se le tiene que bailar. No hay otra forma. De manera que los baches seguirán y hay que tomarlos con frescura como beneficio de inventario porque de otra forma asistirían a un frío desfile agringado, como el famoso ‘Rose Parade’ en California donde todo transcurre sin baches pero es desangelado en su tesitura.
Acá la guachafita impide esa perfección: y Dios nos libre de perderla, porque entonces sí que habrá desaparecido la esencia misma del Carnaval, ya bastante apagada con la ausencia de bailes de vecindario, gente disfrazada, comedias y letanías visitando las casas o las muñequeras proverbiales cuando se encontraban dos danzas ‘enemigas’. Y es entonces cuando me pregunto ¿Ajá, niña, y la seguridad democrática que tanto embelesa a los desmemoriados reeleccionista, para qué carajo sirve, si no se puede cerrar una calle por mandato del dios Momo y montar uno su propia fiesta? Piénsenlo porque las elecciones de marzo están encima y hay que llevar al Congreso a la oposición: del color que sea.
Via: EL HERALDO
Despues de la Batalla de Flores
Publicado por Aretino | febrero 25, 2006 Sección: Carnaval 25 febrero 2006Antes que los amanuenses tilden este primer desfile de nuestra fiesta como apoteósico, fastuoso, alegre, y otros epítetos de la oficialidad, escribo mi parecer para la posteridad
LO BUENO: Aceptado ya lo de los palcos, este año se logro que disminuyeran en numero. Pareciera que se oyeron las indicaciones del personero y se pusieron en practica demostrando que con dialogo algunas cosas caminan.
La organización de las sillas en la acera del frente – por siempre hemos vivido bajo Sol – un acierto y la labor de la autoridad sobre 10. Ya debemos dejar de añorar los carnavales de antaño, los espacios y demás. Aceptemos que la ciudad creció. Ya esas fiestas de bordillo, de arrumaditos bajo el poste, de miserabilidad hay que dejarla a un lado y exigir –si tenemos que pagar por el palco, por la silla – buen trato y buena atención.
LO MALO: El problema llego cuando el ente oficial tenia que entregarnos un desfile esperado por casi un año. ¿Qué paso? Nos preguntamos aun sentados frente al PC.
Nos llevamos la lista del periódico oficial y de los casi trescientos grupos a desfilar solo un 25% pudimos apreciar. ¿Quien responde por esto? ¿Qué paso con el resto de grupos? ¿Donde desfilaron las farotas, las fanfarrias, los garabatos, do?
Un interminable comercial con figuritas, figuras y figurones de nuestra farzandula criolla fueron los que nos hicieron la fiesta. Volvimos a vitorear a Julio, a Enigma, a las hijas de la Niña Diana. Vimos en vivo a Los Reyes y dos o tres candidatos en campaña hicieron su agosto.
Donde quedo el ingenio punzante de M. Imitola? Sus 'carrocitas humorísticas' daban grima. Mensajes trillados en titulares de prensa no son, o más bien son, una manera fácil de salir del paso.
Y los interminables baches que desesperan al público que terminan invadiendo las aceras buscando un desestres rápido ante tanta improvisación.
¿Para que seguir? Si al man o manes de las carrozas les pagaran sus jugosos contratos, todos los muñecos armados para la fiesta recibirán su parte, la prensa oficial terminara viendo otro desfile fastuoso, sin baches, lleno de colorido y llevado a feliz termino mientras aquí desde el sardinel de la esquina aún rumio la mala inversión de los treinta mil barras en una silla que solo sirvió para observar mas de cuatro peleas que se formaron en el palco de enfrente que gracias al sobrecupo –parece que los sensores, que iban a pitar cuando el cupo se cumpliera no sirvieron pa'na- se llevaron a cabo.
Que vaina, espero que mañana nos vaya mejor en el desfile homenaje a Carlos Franco.






